Metroscopia Gráficos UE

Se ha dicho que la estructura europea queda lejos de los españoles y tiene elementos difíciles de comprender para el ciudadano de a pie. Pero hasta ahora, la Unión ha sido percibida por una amplísima mayoría como un elemento positivo, de progreso. Los ciudadanos veían los carteles en las carreteras en construcción, oían de los fondos a los agricultores, notaban una economía cada vez más boyante —ahora vemos cuán frágilmente— y celebraban la membresía española en el club europeo.

Hoy la altura de los Pirineos vuelve a crecer. El porcentaje de ciudadanos que cree que pertenecer a la Unión Europea es algo positivo para España ha disminuido hasta el 55% (10 puntos menos que hace tres meses y 25 puntos menos que en 2009). Por el contrario, el 37% cree ya que pertenecer a la Unión es negativo para nuestro país. Una cota sin precedentes. Esto supone un aumento de 33 puntos desde el inicio de la crisis y de 15 solamente en los últimos tres meses.

Es sabido que en tiempos de crisis todas las instituciones políticas ven perjudicada su imagen entre los ciudadanos. La población espera soluciones a sus problemas. Pero, lejos de disminuir, las dificultades aumentan cada día. La clase política ha escalado puestos estos últimos años hasta convertirse en el tercer problema que percibe la ciudadanía. Un fenómeno similar es el que repercute ahora sobre la percepción de la Unión Europea. Como institución política, recibe la carga negativa de la mala situación económica. Pero, además, es vista como parte del problema por un amplio sector de la población que asocia la pertenencia a la Unión con los duros ajustes económicos decretados por el directorio franco-alemán. Unos ajustes muy poco populares: el 67% cree que por este camino solo se consigue empobrecer cada vez más a los trabajadores y a las empresas y hacer cada vez más difícil la recuperación económica.

El País