El IPC, como índice de precios de una cesta representativa de bienes, debería reflejar el coste de la vida para el ciudadano español de una manera fehaciente. Según este indicador, a lo largo de los últimos años hemos asistido a una caída generalizada de precios en nuestra macroeconomía, un proceso deflacionista. Esta caída de precios -a priori- se tendría que trasladar al bolsillo del consumidor español de manera que sintiese un incremento de su capacidad adquisitiva. Sin embargo, la ciudadanía española no percibió en ningún momento este alivio monetario. El Barómetro de Confianza en la Economía de Metroscopia permite observar cómo en los años deflacionistas, el porcentaje de españoles que manifestaban apreciar un aumento del coste de la vida se instaló en el entorno del 80%. Los precios bajaban pero el ciudadano no lo percibía en su cartera.

El año 2017 ha comenzado de manera muy distinta. La subida de los precios de la electricidad y del combustible llevó la inflación interanual en enero hasta un 3%. El indicador adelantado del IPC de febrero corrobora esta tendencia. Alimentos frescos y energía vuelven a tirar del indicador y lo sitúan en un 3% interanual —frente al -0,8% en el 2016—. Una diferencia abrumadora que no ha dejado inmunes a los españoles. El Barómetro de Confianza en la Economía capta perfectamente los apuros monetarios de la ciudadanía: la práctica totalidad (93%) perciben que el agujero en sus bolsillos se agranda. Ahora sí, el índice refleja el ánimo económico de la ciudadanía.

En el ámbito internacional, el sentimiento de mercado alimentado por las políticas de aumento del gasto militar previstas en la era Trump (políticas fiscales expansivas) anticipa una inflación más elevada en EE UU. John Authers, habla en su artículo semanal en el Financial Times de una nueva percepción entre los agentes económicos: la idea del reflation trade se ha instalado en los mercados. Esta noción sugiere que la deflación ha sido superada y que la economía mundial crece de nuevo. Los precios de metales, rentabilidades de los bonos y precios de acciones comenzaron su subida justo antes de las elecciones de EEUU, sugiriendo que el mercado se preparaba para crecer. Por otro lado, en la zona Euro los datos del mes de febrero del 2017 se sitúan por vez primera en cuatro años al índice armonizado de precios (IPHC) en la línea roja del 2%.

Pero la situación económica en España no es tan halagüeña como en EE UU o Alemania, el ánimo económico de la ciudadanía continúa muy alicaído. Las expectativas sobre el consumo (el mayor componente del PIB) reflejadas en las percepciones económicas de los ciudadanos no mejoran: cuatro de cada diez españoles han de posponer compras que creen necesarias, mientras que una amplia mayoría (60%) manifiesta tener problemas para llegar a fin de mes.

Nos hallamos ante el riesgo de una peligrosa combinación para la economía española: un contexto internacional de precios crecientes acompañado de una recuperación muy débil de la demanda interna presionada por las estrecheces del mercado laboral español. Añadir carga en forma de una previsible subida de tipos, sobre el ya mermado poder adquisitivo de los españoles podría significar una estocada definitiva al consumo debido a la elevada proporción existente de hipotecas variables entre la ciudadanía: cuidado con la subida de los precios.