Es la primera vez en nuestro país que se repiten unas elecciones generales con un intervalo de tiempo de tan solo seis meses. Viendo los resultados de estos últimos comicios se observa que —aunque el realineamiento político más importante de los españoles tuvo lugar en las pasadas elecciones de 2015— el 26J también produjo cierta volatilidad que sí modificó, en alguna medida, el esquema surgido de las urnas el 20D.

Por un lado, cabe destacar que si bien el Censo de Españoles Residentes (CER) apenas ha variado entre las elecciones de diciembre y las del pasado junio — ha descendido poco más de 33.000 electores— la participación ha sido 3.4 puntos menor en estas últimas elecciones en comparación con las de 2015: 69.8 % frente a 73.2 %.

Por otro lado, los espacios ideológicos se han intercambiado. En 2015, los votos obtenidos por los partidos de centro-izquierda sumaban más que los de centro-derecha: PSOE, Podemos y Unidad Popular lograban acaparar el 46.3 % de los votos válidos (11.6 millones de votos aproximadamente) frente al 42.7 % (10.7 millones) de PP y Ciudadanos. En las recientes elecciones, sin embargo, el PP y Ciudadanos han logrado el 46.1 % de los votos frente al 43.8 % de los partidos situados a la izquierda.

Ahora bien, mientras que en el espacio de centro-derecha se ha producido un sustancial desequilibrio claramente favorable al PP frente a Ciudadanos —la distancia entre ambos se ha ampliado en un millón de votos en estas últimas elecciones—, en el espacio del centro-izquierda la competencia es, ahora, incluso mayor que en 2015: hace siete meses la distancia en votos era de casi 600.000 favorable a Podemos y UP y ahora es de unos 375.000 favorable al PSOE.

Se trata aquí de dilucidar—sin entrar en posibles explicaciones políticas de por qué se han producido los resultados del pasado 26J— la volatilidad de estas pasadas elecciones: qué fidelidades y fugas —y en qué cuantía aproximada— se han producido entre una elección y otra.fyf1

Partido Popular. Si ha habido un ganador en estas elecciones ha sido, sin duda, el PP. De los cuatro principales partidos, los populares son los únicos que han logrado aumentar su número de votos y de escaños con respecto a 2015 (690.000 y 14 escaños, respectivamente). Las principales claves de su éxito están en la fidelidad y en la movilización demostradas por sus electores.

  • Conserva la gran mayoría de sus votos: un 86 % de sus votantes de 2015 han permanecido fieles a la marca siete meses después y han renovado su apoyo al PP.
  • Es el partido cuyos votantes de 2015 se han abstenido en menor medida: un 9 % se quedó en casa. Pero además, el PP el único partido que logra un saldo positivo en la abstención. En torno a 650.000 electores que votaron al PP en 2015 se han abstenido ahora, pero logra recuperar a más de 740.000 que en diciembre no acudieron a votar.
  • Los votantes populares infieles son casi una excepción: apenas un 5 % ha decidido optar por otra opción política diferente este pasado 26J. Su principal fuga de votantes se ha producido en dirección a Ciudadanos pero, de nuevo, el saldo es positivo para el PP que logra atraer al triple de votantes de la formación naranja: 216.000 frente a 680.000.

PSOE. Los socialistas mantienen la segunda posición aunque han perdido poco más de cien mil votantes entre una y otra elección. Algunos datos que ayudan a explicar su resultado.

  • La fidelidad del electorado del PSOE ha sido 10 puntos inferior a la del PP: tres de cada cuatro de sus votantes de 2015 (76 %) han vuelto a votar ahora a los socialistas.
  • El PSOE obtiene un saldo negativo en su intercambio de votantes con el PP: se le marchan más votantes hacia el partido de Mariano Rajoy (unos 178.000) de los que los socialistas logran atraer procedentes del PP (en torno a 72.000).
  • Lo mismo le ocurre con la abstención: el saldo entre los votantes que se le van y los que atrae es de menos doscientos mil votos.
  • Su saldo con Ciudadanos es similar: en torno a 180.000 votantes socialistas en 2015 han votado ahora al partido de Albert Rivera mientras que alrededor de 143.000 anteriores votantes del partido naranja se han decantado el 26J por el PSOE.
  • Y con Unidos Podemos, el saldo para los socialistas es positivo. En torno a 255.000 anteriores votantes del PSOE han votado ahora a la coalición liderada por Pablo Iglesias, pero los socialistas han logrado atraer a casi 295.000 anteriores votantes de Podemos y a unos 175.000 votantes de Unidad Popular. En total, más de 200.000 votantes en el haber del PSOE.

Ciudadanos. El partido naranja obtuvo, en comparación con el 2015, casi 400.000 votos menos el pasado 26J.

  • Es el partido con una menor fidelidad de voto: solo un 57 % de sus votantes en 2015 han repetido ahora su voto (en torno a dos millones).
  • Aunque ha logrado atraer a unos 465.000 abstencionistas de 2015 manda ahora a la abstención a 100.000 más (567.000).
  • El intercambio de votantes con los populares es claramente negativo para Ciudadanos (se le fugan hacia el PP el triple de los que logra atraer) pero con el resto de formaciones políticas logra un saldo positivo.fyf2

Unidos Podemos. La nueva coalición ha obtenido en torno a un millón de votos menos de los que lograron en 2015, por separado, Podemos y Unidad Popular. Las principales causas aritméticas de este resultado son.

  • La coalición logra retener a tres de cada cuatro votantes de Podemos (74 %, casi cuatro millones) pero solo a seis de cada diez de Unidad Popular (60 %, en torno a medio millón).
  • Unidos Podemos logra el apoyo de 185.000 electores que en 2015 decidieron quedarse en casa y no acudir a votar. Sin embargo, casi 800.000 votantes de Podemos y en torno a 137.000 de Unidad Popular en 2015 han decidido abstenerse en esta ocasión: un saldo neto claramente negativo —de más de 700.000 mil votantes —para la nueva coalición.
  • En las transferencias de votantes con otras formaciones políticas, el saldo para Unidos Podemos es desfavorable en todos los casos. Especialmenteen el intercambio entre la coalición y el PSOE.

Para concluir, una nota de cautela. Es prácticamente imposible saber con total certeza cuáles son, en cada elección, los trasvases reales de voto. Es decir, a quién acaban votando en cada nueva cita electoral aquellos que en la anterior votaron por cada uno de los distintos partidos en liza. La única certidumbre es que, por estables y fidelizados que sean los electorados, siempre se dan (en medida sin duda variable según los casos o la ocasión) intercambios de votos entre ellos y que estos intercambios no son perceptibles con total nitidez a simple vista. La estimación que aquí se ofrece trata de ir más allá de especulaciones basadas en meras apariencias, y se basa en la información proporcionada por la secuencia de encuestas postelectorales efectuadas por Metroscopia sobre una muestra total de población de 4.000 entrevistas.

Ficha técnica.- El sondeo se ha efectuado mediante entrevistas telefónicas a una muestra nacional de personas residentes en España, mayores de 18 años y con derecho a votar en elecciones generales. Se han completado 4.000 entrevistas a través de llamadas a teléfonos móviles seleccionados de forma aleatoria a partir de un generador automático de números telefónicos. Posteriormente se han calibrado los datos a partir de una ponderación múltiple por las variables sexo, edad, hábitat y región (Comunidad Autónoma). La eficiencia de la ponderación es del 73.7%, de modo que la muestra efectiva equivale a 2948 entrevistas. El error de muestreo, para un nivel de confianza del 95.5% (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), es de ± 1.6 puntos (tras la ponderación es de ± 1.8 puntos). La recogida de información y el tratamiento de la misma han sido llevados a cabo íntegramente en Metroscopia. La fecha de realización del trabajo de campo es del 29 de junio al 4 de julio de 2016.