Hace cuatro años, cuando la crisis económica mundial, y también la española, solo estaba presente en el discurso de quienes, en aquel momento, eran tachados de agoreros, los españoles situaban al PSOE en la escala ideológica de 0 a 10 —donde el 0 es una posición de extrema izquierda y 10 una de extrema derecha—, en promedio, en el 4. Al poco tiempo, se inició la, quizá, peor crisis económica mundial que aún perdura y que llevó al actual Gobierno socialista a tomar una serie de medidas que fueron tachadas en su momento de típicamente neoliberales. A pesar de lo cual, los ciudadanos siguen ahora ubicando al PSOE en el mismo punto de la escala ideológica: 4.

Si acaso, solo los propios votantes socialistas parecen haber percibido un muy leve desplazamiento de su partido hacia el centro ideológico. En 2007 el electorado del PSOE se autoposicionaba, de media, en el 4 y situaba a su partido en el 4.1 (es decir, una décima más a la derecha o más hacia el centro de donde ellos mismos se colocaban). Ahora, los votantes socialistas siguen situándose a sí mismos en el 4 pero posicionan a su partido en el 4.2 (dos décimas más hacia su derecha). Una mínima variación teniendo en cuenta todo lo ocurrido en el período que separa ambos sondeos (en especial las medidas anticrisis adoptadas por Zapatero el 12 de mayo de 2010) pero que coincide con la percepción ciudadana, también mínima, de un desplazamiento del PP hacia posiciones más centradas: en julio de 2007 los españoles ubicaban al PP, siempre en promedio, en el 7.5 y ahora, cuatro años después, en el 7.3. Acercamiento hacia el centro que parecen haber observado los votantes populares (que en ambos sondeos se autoposicionaban en el 6.1, situando a su partido en el 6.8 en 2007 y ahora en el 6.7), pero también los votantes socialistas (que situaban al PP en el 8.1 hace cuatro años pero que ahora lo perciben en el 7.8).

Los datos indican también que los socialistas muestran una mayor cercanía ideológica a su partido que los populares, lo cual pone de manifiesto que el grado de cercanía o distancia ideológica entre votantes y partidos no parece ser determinante a la hora de votar.

El País (edición impresa)