PP y PSOE siguen empatados en cabeza. Ciudadanos se les acerca cada vez más. Podemos mantiene una clara tendencia a la baja e IU resiste, atrincherada en un porcentaje de voto similar al de 2011. Este sería, hoy por hoy, el panorama electoral tal y como queda reflejado en el sondeo de Metroscopia. Un panorama que, pese a estar a tan solo 70 días de las elecciones generales, debe abordarse con precaución y cautela.

Gráfico: EL PAÏS

El electorado se muestra llamativamente movilizado (lo que —como hace dos semanas en Cataluña— puede derivar en una tasa de participación particularmente elevada) y, al mismo tiempo, da muestras de una sustancial fluidez interna en cuanto a los alineamientos ideológicos finales. Ello que invita a pensar que la campaña electoral puede acabar teniendo también ahora una influencia superior a la usual. Nada puede ser considerado todavía como definitivamente resuelto.
Tras ocho años de una muy grave crisis económica, que está remitiendo en su empuje pero aún no en sus consecuencias, PP y PSOE parecen en condiciones de seguir ocupando un puesto central en la vida política española: disminuidos, ciertamente, en votos y escaños y con una imagen pública muy dañada (en desigual estadio de restauración, por el momento). Pero ni han desaparecido ni van a desaparecer: la novedad es que van a tener que coexistir (y dialogar, y pactar, en plano casi de igualdad) con dos partidos nuevos. En eso consiste, a fin de cuentas, el multipartidismo —tan anhelado por los españoles, según los sondeos—: en la existencia de una variedad simultánea, y no sucesiva, de partidos. Y hacia ello vamos.
De los dos partidos emergentes, Ciudadanos encara esta recta final en estado de gracia, impulsado por la onda expansiva de su notable resultado en Cataluña. Está por ver que se trate de un ascenso fulgurante pero fugaz (como ocurrió con Podemos a primeros de año) o de una entrada estelar en escena consistente y definitiva. En cuanto a Podemos, no cabe excluir que pueda recuperar todavía al menos parte del brillo y atractivo que llegó a tener.
Lo que en todo caso parece claro es que en el actual régimen democrático los españoles piensan que las crisis se resuelven votando: cuanto más complicada es la situación (y, paradójicamente, cuanta más desafección existe con los actores políticos actuantes) mayor es la propensión a acudir a las urnas, en vez de eludirlas. Y además, según parece, para buscar en ellas la solución, no por lo que se percibe como extremos del espectro político, sino —significativa y reveladoramente— por el centro.