Puede haber dudas sobre qué partido (o partidos) ha ganado las elecciones del pasado 10 de noviembre —para resolver esta duda es importante conocer si el PSOE y Unidas Podemos logran finalmente formar un Gobierno de coalición— pero lo que casi nadie duda es quién ha sido el principal derrotado. Ciudadanos ha perdido dos millones y medio de votos y 47 diputados en tan solo seis meses, los que han separado estas elecciones de las anteriores del pasado 28 de abril. Y ha pasado de ser la tercera fuerza política en el conjunto de España a ser la quinta. Las responsabilidades políticas de este fracaso han sido asumidas, en primer lugar, por su presidente, Albert Rivera, y, después, por parte de su Ejecutiva (Villegas, Hervías De Páramo, Girauta…). La pregunta es, ¿son suficientes estas renuncias para facilitar un futuro relanzamiento del partido o tienen que cambiar más cosas?

El economista Albert O. Hirschman (se van a cumplir ahora siete años de su muerte) escribió en su obra más reconocida — Salida, voz y lealtad (1970)— que ante una situación de descontento, el ciudadano (pensemos ahora en el elector) tiene dos opciones: la voz, en referencia a la posibilidad de comunicar el descontento hacia el partido a través de la protesta pública o de contactos con cargos públicos o el propio trabajo como activista dentro de un partido; o la salida, en referencia a la posibilidad de ejercer presión con la amenaza de irse, esto es, de dejar de votar y/o votar a otro partido. Voz y salida están relacionadas entre sí y, de hecho, la amenaza de una salida suele emplearse para que la voz sea escuchada.

Desde las elecciones del 28 de abril, y a través de las encuestas, los votantes de Ciudadanos han ejercido la voz, bajo la amenaza de la salida, demandando a su partido que posibilitara la conformación de un Gobierno o, incluso, que participara en él. Una demanda que no llegó a ser atendida —a pesar de un intento de última hora— y que provocó que finalmente más de la mitad de sus votantes optaran por otra opción política el 10N. Solo permanecieron fieles a las siglas —la otra opción de la que hablaba Hirschman en su libro— el 41% de sus votantes del 28A.

Conocer qué caminos han tomado estos votantes que han abandonado el partido es fundamental para no implementar las soluciones equivocadas. Porque no es lo mismo que la mayoría de los votantes hayan optado por una vía que por otra. Según el estudio postelectoral de Metroscopia, la principal fuga de votos de Ciudadanos se ha dirigido al PP (en torno a 1.3 millones). La segunda vía abierta, más de 700 mil votos, ha ido hacia la abstención. Y en torno a 450 mil anteriores votantes de la formación naranja han optado, en esta ocasión, por apoyar a Vox.

El tenso Consejo General de Ciudadanos celebrado este sábado ha aprobado la composición de la gestora que dirigirá el partido hasta el próximo 15 de marzo, fecha en la que una asamblea extraordinaria elegirá al nuevo líder.  Si la nueva dirección de Ciudadanos que surja tras esa asamblea quiere intentar recuperar a la mayoría de sus anteriores votantes, tendrá que, esta vez sí, afinar el oído y escuchar en la buena dirección. Porque una interpretación errónea de los motivos que han provocado la salida de la mitad de sus votantes en solo seis meses, puede suponer la pérdida de los que todavía permanecen leales a las siglas. En sus manos, y en sus oídos, está.

Artículo publicado en: eldiario.es