El optimismo de base con el que la mayoría de la ciudadanía (68%) afronta este nuevo año 2017, especialmente la gente joven (83%), no contagia la evaluación de la situación económica del país, que continua siendo muy negativa. En concreto, la relativa mejora de la situación laboral —con un descenso de la tasa de paro juvenil de diez puntos en menos de dos años— ha podido desviar ligeramente el estado de ánimo de gran decepción y frustración. Pero las expectativas no son halagüeñas y las generaciones jóvenes mantienen los pies en el suelo: dos de cada tres (64%) tiene la convicción de que en el futuro acabará viviendo económicamente peor que sus padres.

Dos de cada tres (66%) son también quienes creen que este nivel de desempleo nunca antes se había dado con tanta fuerza, cifra prácticamente idéntica entre el conjunto de la población española (67%). El restante 33% reconoce la gravedad de la situación, pero no cree que se trate de algo nuevo porque ya se ha dado de manera similar en otras ocasiones.

La crisis financiera iniciada a finales de 2007 propició un impresionante crecimiento del desempleo juvenil, hasta el punto de que en el primer trimestre de 2013 alcanzó su nivel máximo histórico a nivel nacional (56,9%). En menos de siete años el aumento de la tasa de paro fue de 40 puntos (era del 16.9% en el tercer trimestre de 2006).

En dicho año (2013), un sondeo de Metroscopia reveló que el 86% de los españoles (casi 20 puntos porcentuales más que ahora) era consciente ya de que el paro juvenil había alcanzado niveles inéditos.

Por tanto, la aparente contradictoria combinación entre bajas expectativas y alto optimismo podría representar uno de los rasgos de la sociedad que viene. La crisis económica sustituyó el eslogan ‘si quieres, puedes’ por el ‘quieres, pero no puedes’. Asumido esto ya por la mayoría, el predominante optimismo hacia el futuro próximo podría suponer un mero llamado a la esperanza. Pero quizá también revele un proceso inicial de metamorfosis de los proyectos vitales, más adaptados a la búsqueda compleja de salidas dentro ecosistemas muy desfavorables y auspiciados por un estado de menor desánimo.

Aun así, no hay que olvidar que en el terreno de las expectativas la ideología tiene un papel muy destacado. Entre el conjunto de la ciudadanía, quienes se ubican en la derecha del espectro político —sobre todo los votantes del PP— son quienes tienden a augurar un mejor futuro a los jóvenes. Por el contrario, quienes se ubican en la izquierda —y especialmente los votantes de Unidos Podemos— son los que emiten un pronóstico más pesimista.