Este miércoles Pedro Sánchez ha tomado una decisión arriesgada como Secretario General del PSOE: tratar de recomponer la federación socialista madrileña. Para ello ha descabalgado del liderazgo del PSM a Tomás Gómez. La decisión, pese a ser inesperada y tomada de forma fulminante, ha calado muy pronto en la opinión pública madrileña. El sondeo de urgencia realizado por Metroscopia muestra que en muy pocas horas más del 75% de los madrileños estaban ya al tanto de la destitución de Tomás Gómez como líder y candidato a las próximas elecciones autonómicas.

El segundo dato relevante de la encuesta es que casi un 50% de los madrileños  (y una proporción prácticamente idéntica de potenciales votantes socialistas) considera que es una decisión acertada; solo el 13% (18% entre los socialistas) no la aprueba.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias electorales de esta decisión? Es cierto que en estos momentos la destitución de Tomás Gómez es un hecho que, por reciente, puede pesar especialmente en el ánimo ciudadano y por tanto “contaminar” la intención de voto que ahora expresan. No obstante, los datos del sondeo apuntan una clara variación.

Se registra un claro ascenso del Partido Socialista para el caso de unas inmediatas elecciones autonómicas y generales. Aunque no sea directamente comparable, si se toma como referencia el sondeo de Metroscopia del pasado 23 de enero, el 11% de los madrileños declaraba entonces tener intención de votar al PSOE en las próximas elecciones de la Comunidad y ahora esta cifra ha pasado al 19.2%. En unas hipotéticas elecciones generales, el aumento del posible voto socialista es más modesto: el PSOE pasaría del 16,5% de enero al 19% en estos momentos.

Por su parte, la formación de Pablo Iglesias experimenta un descenso en intención de voto, lo que podría deberse a distintos factores: desde a la propia destitución de Gómez hasta la posible influencia de las informaciones sobre los ingresos y las cuentas bancarias de Juan Carlos Monedero. En unas hipotéticas elecciones autonómicas, Podemos pasaría del 17.8% de hace dos semanas al 13,6% de intención directa actual. Y su voto en unos comicios generales también cambiaría, bajando más de cinco puntos y pasando del 21.7% al 16.1% ahora obtenido.

Pero de todos los cambios, sin duda el más relevante es la nueva correlación de fuerzas que, en tan corto espacio de tiempo, se produciría en la Comunidad de Madrid. Podemos pasaría de primera a tercera fuerza política, mientras que el PSOE pasaría de tercero a primer partido en intención directa de voto.

Estos cambios se pueden explicar teniendo en cuenta dos factores. En primer lugar, en poco menos de un mes, el PSOE ha ganado más de 20 puntos de fidelidad de voto (en el sondeo de enero solo un 30% de quienes votaron a los socialistas en 2011 decían que repetirían su voto y ahora lo dice un 54%) mientras que el voto que perdería a favor de Podemos pasaría del 28% al 14%. Es decir, se reduce a la mitad.

En segundo lugar, los apoyos por ideología también varían de forma sustancial. Entre los electores que se definen como de extrema izquierda, el PSOE pasaría de una intención directa de voto del 16% al 28%. Entre sus votantes más próximos, es decir, quienes se consideran de izquierda, sus apoyos cambiarían del 14% al 31%. Y entre los electores que se ubican en el centro del espacio ideológico, la intención directa de voto pasa del 9% al 17%. De hecho, el PSOE pasaría a ser la primera fuerza política entre los votantes más moderados. Así, en todos los segmentos ideológicos el Partido Socialista estaría ahora en condiciones de doblar sus apoyos electorales. En cambio, aunque Podemos mantendría gran parte de su intención directa de voto entre los electores de izquierda, retrocedería ligeramente entre los del centro.

En definitiva, los primeros datos apuntan a que la consecuencia más inmediata, y está por ver si estable, de la decisión de Pedro Sánchez sería un claro reforzamiento electoral del PSOE. No obstante, como ya ha quedado señalado, todos estos datos deben tomarse con cierta prudencia por dos razones. Por un lado, el sondeo de Metroscopia contiene preguntas que guardan casi exclusivamente relación con la intención voto, lo que significa que las personas que se refugian en la abstención y en la indecisión son menos de las esperables en una encuesta de temática más amplia. Y por otro, dado que la decisión de Pedro Sánchez está muy presente en estos momentos, lo más pertinente sería fijar la atención en unas variaciones que en eset momento son. Quizás más adelante, con renovada información y cuando los distintos protagonistas hayan jugado todas sus cartas, se podrá efectuar un análisis más detallado. Pero, por ahora, los datos indican que asumir riesgos no siempre está mal visto ni mal evaluado por el electorado.

El País