Si ya de por sí cualquier estimación de voto realizada fuera de período electoral no tiene otro valor que el de expresar el clima de opinión prevaleciente en un concreto y determinado momento, la que publicó El País el pasado 15 de mayo para el caso de unas nuevas elecciones locales en la ciudad de Madrid tiene un plus de eventualidad: ni Manuela Carmena ni Esperanza Aguirre repetirán como candidatas de sus respectivas formaciones políticas en los comicios de 2019.

Que Aguirre no vuelva a presentarse puede ser una buena noticia para los populares. Una de las características más remarcadas de la lideresa del PP ha sido, siempre, su capacidad para polarizar a los electores allá donde se presentara: apretando las filas de los suyos pero movilizando al resto en su contra. No obstante, ahora, incluso sus votantes creen que ha hecho bien dimitiendo de todos sus cargos públicos una vez que se han conocido los recientes casos de corrupción que han afectado a dirigentes políticos madrileños designados por ella. Estos últimos acontecimientos han afectado electoralmente a los populares, según el sondeo que hoy publica este diario, y la permanencia de Aguirre al frente del PP capitalino no habría hecho, probablemente, sino empeorar sus perspectivas electorales.

Que Manuela Carmena no vuelva a presentarse supondría, al contrario, una mala noticia para Ahora Madrid. La gestión política de la alcaldesa goza del beneplácito de la mayoría de sus conciudadanos. Y, más importante, la aprobación mayoritaria de su gestión presenta una alta transversalidad que abarca a todos los grupos de edad y tanto a los votantes de su partido como a los del PSOE. Carmena logra que su buena imagen como gestora —los madrileños ven ahora su ciudad mejor de como la veían antes de su llegada a la Alcaldía— se traslade a la marca: tras dos años en el cargo no hay síntomas de desgaste electoral de Ahora Madrid que lograría, ahora sí, ser la primera fuerza política en la capital.

La permanencia del sistema cuatripartidista en el ayuntamiento capitalino parece fuera de toda duda. La incertidumbre radica en qué posición ocupará cada partido. Y, en este sentido, la elección de las candidaturas será determinante.