En las elecciones municipales del próximo domingo, un 3.6% del electorado, en el conjunto de España, votará en blanco. ¿O no? En realidad, ese es el porcentaje de españoles que en la última oleada del Barómetro de Clima Social de Metroscopia para EL PAÍS manifestó que votaría así el 22 de mayo. Pero, aun siendo un porcentaje minoritario, es muy probable que esté inflado. Por ejemplo, en las elecciones municipales de 2007, solo un 1.2% del Censo electoral votó en blanco en el conjunto de España y, sin embargo, dos meses antes de los comicios, el porcentaje que decía que ese sería su voto era del 3.2%, según un sondeo de Metroscopia.

La experiencia muestra que, en los sondeos políticos y preelectorales, el porcentaje de quienes afirman que votarán en blanco es siempre muy superior a lo que finalmente acaba sucediendo. Los motivos son básicamente dos: por un lado, porque es la respuesta a la que se acogen votantes fieles a un partido que en el momento de la encuesta se sienten distanciados de él (y que no tienen ni afinidad ni intención de votar a otras formaciones). En este caso, manifiestan ese alejamiento expresando su intención de votar en blanco. Por otro lado, por el denominado efecto de deseabilidad social, cuando el entrevistado dice que votará en blanco: primero, declara que ejercerá su derecho al voto (es decir, no se abstendrá, algo que socialmente puede estar peor visto) y, segundo, no se compromete políticamente.

Por supuesto, también se inclinan por esta opción quienes ven en el voto en blanco una alternativa legítima para mostrar su oposición, su desinterés o su desafección a todas las opciones políticas que concurren a unas elecciones. Incluso en España hay varias agrupaciones (como ciudadanos en blanco) que pretenden aglutinar este voto en torno a una candidatura para la que solicita que este le sea computable (una vez conseguido, proponen disolverse como tal).

En todo caso, de una u otra forma, el voto en blanco sigue siendo, hasta ahora, una opción muy minoritaria entre el electorado español. Parece lejano, por tanto, aquello que el Nobel de Literatura 1998, José Saramago, describiera en su Ensayo sobre la lucidez, en donde hasta un 83% de los electores de una ciudad decide votar en blanco en unas elecciones municipales.

Blog de Metroscopia (El País)