PP y PSOE han perdido la mitad de votantes jóvenes en los últimos 7 años. La gran desconexión se produce entre 2010, en el caso de los socialistas, y 2011, en el de los populares. En promedio, del 52% de jóvenes que entre 2004 y 2010 se inclinaban por uno u otro, se ha pasado al 26% entre 2011 y 2017, según los datos de Metroscopia. La irrupción del movimiento 15-M y la mayoría absoluta obtenida por el PP serían dos elementos fundamentales que marcan un punto de inflexión. En la actualidad, Ciudadanos y, sobre todo, Podemos canalizan de manera más efectiva las aspiraciones de las nuevas generaciones casi al mismo nivel que entonces lo hacían los partidos tradicionales (45%).

En la historia electoral de la democracia española desde 1978, lo habitual era que el partido que ganaba las elecciones recabara al apoyo mayoritario del electorado más joven (personas entre 18 y 34 años). Según los estudios poselectorales disponibles*, solo se registran dos excepciones:

  • 1979, cuando la UCD de Adolfo Suárez se vio superada por un PSOE en ciernes (14% frente al 24%).
  • 1996, el PP de José María Aznar y el PSOE de Felipez González lograron el mismo apoyo juvenil (24%), pese a la victoria del primero.

Los dos hitos más destacados en lo que a voto juvenil se refiere, ocurrieron de la mano de dos presidentes socialistas: Felipe González en 1982 y José Luis Rodríguez Zapatero en 2004. Ambos lograron superar con creces la barrera del 40% (47% y 49%, respectivamente) y las palabras que simbolizaron ese éxito para gran parte de la gente joven se convirtieron en eslóganes: “el futuro es nuestro” (González, en la Ciudad Universitaria de Madrid) y “el poder no me va a cambiar” (Zapatero, en la sede del PSOE de la calle Ferraz). Especialmente dirigido a los jóvenes fue este último, en respuesta a un “no nos falles” exclamado por estos durante la celebración.

El 2011 sitúa un antes y un después. Las voces del movimiento 15-M representaron parte del hondo malestar de la gente joven con la situación política. Según un sondeo del INJUVE realizado por aquel entonces, la mayoría (62%) no solo se mostraba a favor de las reivindicaciones del 15-M sino que confiaba también en que tuviera continuidad. Un porcentaje ligeramente superior (69%) tenía claro que no se trataba de un fenómeno coyuntural sino que, de una forma u otra, perduraría en el futuro. Tres años después, en 2014, no solo a la gente joven sino a tres cuartas partes del conjunto de la ciudadanía española le seguían pareciendo razonables las demandas planteadas por quienes ahí participaban, según un sondeo de Metroscopia. En este sentido, sería difícil entender el nacimiento de Podemos sin comprender lo que significó el movimiento de “los indignados”.

A partir del resultado de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, la excepción —que el partido que gane las elecciones no recabe el mayor número de votos de personas jóvenes— parece convertirse en la nueva regla. Tanto en estos comicios como en los del 26 de junio de 2016, ni la primera ni la segunda formación más votada consiguen los mayores apoyos de la población entre 18 y 34 años. Además, este cambio auspiciado por el éxito electoral de Podemos y Ciudadanos no parece responder a una mera variación de la decisión de voto, sino a una brecha generacional que se fraguaba en silencio entre 2011 y 2014. La correlación entre la edad, el nivel de estudios, la ocupación y determinadas actitudes políticas que se ha detectado en las últimas citas electorales, apunta hacia la existencia de una fractura profunda que se refleja en el comportamiento electoral, pero que atraviesa a la sociedad española.

Una muestra de que la distinción del voto joven no refiere a algo puntual es su comparación con la media española. Es decir, ¿cuán diferente vota la gente joven respecto a como vota el resto de la población? En los diez años que van desde la victoria de Zapatero en 2004 hasta las elecciones europeas de 2014, la mayoría de jóvenes votaba en una dirección no demasiado diferente del conjunto de la ciudadanía (la desviación media no sobrepasaba los ±5 puntos porcentuales). Sin embargo, desde la aparición de Podemos como partido de ámbito nacional la desviación se incrementa notablemente: se duplica tanto el caso de la formación morada (+10 puntos porcentuales) como en el del bipartidismo PP-PSOE (-10 puntos porcentuales). El desencantamiento político con el bipartidismo PP-PSOE entre la gente joven es un fenómeno que parece contener, pues, unas características y unas lógicas propias. Los jóvenes no solo votan distinto sino que ese comportamiento se parece cada vez menos al del resto de la población.

* Todos los datos que aquí aparecen son obtenidos de encuestas electorales a partir de variables como la intención directa de voto o el recuerdo de voto. En ningún caso se trata de una información precisa o exacta sobre el comportamiento, sino más bien de aproximaciones fiables con un cierto margen de error (entre ±1.5 y ±3.5 puntos porcentuales) y basadas en las declaraciones de las personas entrevistadas.