Uno de los efectos de la interminable crisis económica ha sido situar el debate sobre la desigualdad en el centro de las preocupaciones de políticos, ciudadanos e intelectuales. Para el 90% de los españoles existe mucha desigualdad económica en nuestro país[1], y, peor aún, creen que está aquí para quedarse. Además, de forma mayoritaria (más de ocho de cada diez) asocian la desigualdad con las estructuras organizativas de nuestra sociedad.

Aún así, los españoles piensan que los tiempos actuales son mejores que los pasados –lo afirma un 59%-, aunque el 56% está convencido de que el futuro viene cargado de incertidumbre y nuestros jóvenes vivirán en un mundo peor. La desigualdad extrema, la penuria y el empobrecimiento tienen mucho que ver con la percepción de un futuro difícil para los jóvenes: más de dos de cada tres ciudadanos (un 71%) piensan que la pobreza no va a desaparecer en mucho tiempo.

Los políticos españoles parecen haberse percatado de la preocupación ciudadana por la aceleración de la desigualdad. Recientemente Luis Garicano, responsable del programa económico de Ciudadanos, explicaba en el Congreso “Economía, Trabajo y Sociedad”, la introducción de un complemento salarial –el llamado impuesto negativo- para las rentas más bajas como un mecanismo de reducción de la desigualdad en esos percentiles de renta. Podemos e IU abogan por la introducción de una renta garantizada y el incremento del salario mínimo. El PSOE se declara a favor de imponer un ingreso mínimo vital que garantice la protección a los más desamparados. Tan sólo el PP, abrazado en exclusiva a la idea de la recuperación económica, manifiesta escaso interés en reconocer la relevancia de la aceleración imparable de la desigualdad.

El economista francés Piketty es el máximo responsable de haber colocado a la desigualdad en el ojo del huracán del debate académico con su libro el Capital en el Siglo XXI. Ausente del  debate intelectual en las últimas décadas, la noción de desigualdad ocupa de nuevo un lugar central en la agenda de los economistas. El Nobel de economía del año 2015 premia los trabajos del escocés Angus Deaton centrados en el estudio de la pobreza, la desigualdad y la medición del bienestar, extraordinariamente críticos con las políticas de austeridad.

Académicos, políticos y ciudadanos convergen así en sus preocupaciones, algo que no ocurre con frecuencia. Si es cierta la afirmación de Piketty según la cual “la historia futura del desarrollo de la desigualdad dependerá de la percepción que de ella tenga la sociedad, de las instituciones y del tipo de políticas que se adopten para medirla y transformarla” esta convergencia debería estar llamada a forzar un cambio de rumbo.

[1] Datos obtenidos del Barómetro sobre la Desigualdad, Bienestar y Pobreza de Metroscopia.