El transcurso del tiempo parece no haber pasado factura al 15-M. Este movimiento sigue contando con el apoyo de los ciudadanos, como así revela un sondeo de Metroscopia para EL PAÍS. Dos años después de su aparición en la Puerta del Sol de Madrid —y en porcentajes muy similares a los de 2011—, seis de cada diez españoles afirman que el 15-M les inspira simpatía y confianza. Al igual que entonces, se trata de una opinión muy extendida que cuenta tanto con el apoyo mayoritario de los más jóvenes (69%) como de los mayores (53%).

El 78% de los ciudadanos opina además que quienes participan en este movimiento tienen razón en las cosas que dicen y por las que protestan. Y es que el 15-M, más que un fenómeno pasajero abocado a la radicalización o la extinción, parece haberse convertido en el mentor e inspiración de otros movimientos ciudadanos que —especialmente en el último año— han tomado la calle para protestar por las políticas de recortes y ajustes del Gobierno de Rajoy.

Más allá de la imagen de un movimiento que encarnó —con gran acierto— la indignación y el desconcierto existente entre los ciudadanos ante la llegada de la crisis, el 15-M ha influido en la vida política y la organización social de nuestro país durante este tiempo. Sin intención, lo ha hecho en los métodos que han seguido las mareas ciudadanas en sus acciones de protesta pacífica, y, de un modo más proactivo, ha influido en las agendas políticas de los partidos que quieren recuperar el aprecio ciudadano. Un amplio sector de la sociedad (60%) lo ve como un movimiento pacífico que intenta regenerar la actual democracia.

El 15-M representa para una gran parte de los ciudadanos la esencia de un cambio necesario y la esperanza de que este es todavía posible de una manera colectiva pero no a cualquier precio. Más allá de sus resultados cuantificables y posibles logros tangibles, el 15-M trajo un cambio de paradigma en la expresión de la voz de los ciudadanos. El 15-M retornó la voz al pueblo.

El País