En los comicios al Parlamento Europeo de 2009 se produjo la primera derrota electoral del PSOE en nuevo años: hasta ese momento, desde que José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general de los socialistas en el año 2000, el PSOE había superado al PP en todas las grandes citas electorales. Como posteriormente se pudo comprobar, aquellas elecciones supusieron para los socialistas la primera señal de alarma del tsunami que les venía encima: primero en las municipales y autonómicos de mayo de 2011 —en las que los socialistas perdieron casi todo el poder territorial en juego— y, posteriormente, en las generales de noviembre de ese mismo año —en las que obtuvieron su peor resultado histórico—.

Aquellos comicios europeos significaron, en cambio, el primer paso del PP en su camino hacia la cumbre que culminó el 20-N cuando logró una abrumadora victoria por mayoría absoluta y el mejor resultado electoral de toda su historia. Cinco años después y al igual que ocurrió entonces, el desenlace de las próximas elecciones europeas que se celebrarán en mayo de 2014 podría ser el botón de muestra de lo que podría suceder en la política española en los próximos dos años. Al fin y al cabo los españoles suelen enfocar las elecciones al Parlamento Europeo más en clave española que europea y las del año próximo no parecen ser una excepción: la amplia mayoría (72 %) dice que decidirá su voto —o su abstención— pensando más en la situación y los problemas de España que en los del conjunto de la Unión Europea.

Así, si llegara a confirmase la estimación electoral de Metroscopia que hoy se publica en este diario, las próximas citas electorales de ámbito nacional —las municipales y autonómicas de mayo de 2015 y, previsiblemente, las generales a finales de ese mismo año— se caracterizarían por un desgaste de los dos grandes partidos nacionales (PP y PSOE) y un sustancial crecimiento de las otras dos formaciones de ámbito nacional: IU y UPyD. Pero también —en lo que puede considerarse un aviso a navegantes para algunos partidos de ámbito autonómico— por el aumento del caudal electoral de los partidos nacionalistas y regionalistas ideológicamente más tendentes hacia la izquierda frente al retroceso de los más conservadores.

En todo caso, la estimación de resultado electoral se ha llevado a cabo sobre una participación electoral similar a la de 2009 y, dado que no se conocen aún los candidatos de cada formación política, en el (dudoso) supuesto de que los partidos y coaliciones que van a concurrir en 2014 sean los mismos que en 2009.

Cualquier variación o novedad en alguna de estas premisas afectaría, obviamente, a los resultados ahora estimados: desde una candidatura unitaria de Esquerra y Convergencia i Unió —que podría obtener más escaños que cualquiera de las coaliciones con las que concurrieron hace cuatro años— hasta la participación de Ciutadans —que restaría apoyos sobre todo al PP y a UPyD—. En todo caso, no parece esperable que los rasgos generales que perfila la estimación actual vayan a variar en los apenas seis meses que restan para las próximas elecciones europeas.

El País