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Tres de cada cuatro españoles está al tanto de la existencia del referéndum sobre la posible salida del Reino Unido (Brexit) de la Unión Europea, según los datos del Clima Social de Metroscopia correspondientes al mes de junio. La histórica votación tendrá lugar el 23 de junio, tan solo tres días antes de las nuevas elecciones en nuestro país. Y, entre otras cosas, en ella se decidirá si los aproximadamente 761.000 residentes británicos en España [1] tendrán que empezar a preocuparse sobre su nuevo estatus no-europeo.

En las Islas Británicas, la nueva oleada de inmigrantes españoles expulsada por la crisis económica nacional, sigue buscando las oportunidades y el empleo asociados al dominio de la lengua inglesa.  Entre el año 2009 y el 2014 hemos pasado a ser el segundo país que más inmigrantes aporta al Reino Unido —más de 150.000, con un incremento del 77%—. Ambos colectivos, sin duda, se ven afectados por las incertidumbres asociadas a un posible sí al Brexit, algo que no deja indiferente al conjunto de nuestra ciudadanía.

A la vista de los datos, no parece casual que el primer ministro británico David Cameron citase en una entrevista reciente a la Armada Invencible como evidencia de que Gran Bretaña nunca se va a poder permitir dar la espalda a Europa. Otros, como Michael Gove, el ministro de justicia pro-Brexit, abogan por una separación del Reino Unido del continente europeo y prefieren inspirarse en el libro de Henrietta Elizabeth Marshall, “La Historia de Nuestra Historia”, que ahonda en la nostalgia por el Imperio Británico. Las divisiones existentes en el seno mismo partido conservador ilustran de forma clara las profundas desavenencias sobre las consecuencias del voto en el próximo referéndum del día 23 de junio: los británicos no lo tienen claro. Los españoles, sí.

La ventajosa posición para España en las relaciones comerciales con el Reino Unido se ve reflejada en las percepciones negativas del ciudadano español sobre las consecuencias económicas del Brexit. En el año 2015, el saldo de la balanza comercial bilateral cumplió nueve años consecutivos en positivo. En ese mismo año el Reino Unido subió del quinto al cuarto lugar como destino principal de las exportaciones españoles. Así, al superávit comercial bilateral -5.467 millones de euros, con un crecimiento interanual del +4,5 % [2]—, se une el hecho de que la economía británica ha sido el principal destino del flujo de inversiones de España en los dos últimos años. Entre el año  2014 y el 2015, las inversiones españolas en las islas británicas casi se duplicaron, pasando de 1.706 a 3.469 millones de euros respectivamente. Esta inversión se sitúa además en sectores estratégicos como el financiero, las telecomunicaciones, la energía y el transporte.

Conscientes de la importancia económica del Reino Unido y de los lazos existentes con uno de nuestros principales socios comerciales, no puede extrañar que los españoles valoren con pesimismo la incertidumbre que el Brexit introduce en las relaciones comerciales bilaterales con la Unión Europea y España. Un 76% de la ciudadanía considera que la salida del Reino Unido —que requeriría nuevas reglas de juego para el comercio exterior—, sería negativa para la UE. En cuanto a la economía española, un 69% opina que también sufriría si se confirmase la ruptura de los británicos con el  marco institucional europeo.

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Cuando se pulsa la opinión de los españoles desde el punto de vista contrario, es decir, si el Reino Unido sufriría consecuencias adversas similares sobre su economía nacional, las respuestas positivas se sitúan en el entorno del 50%. Hay, sin embargo, un desconocimiento entre la ciudadanía española sobre los efectos reales que tendría el Brexit sobre la economía británica: más de un 20% confirma su ignorancia sobre esta cuestión. Este último porcentaje no resulta llamativo: el español medio no está en condiciones de evaluar con detalle el impacto del Brexit para Gran Bretaña algo sobre lo que, en todo caso, existe un claro desacuerdo entre los propios analistas económicos. Eso sí, se teme un posible “efecto contagio” que pudiera llevar a la desintegración institucional de la Unión Europea. Los españoles manifiestan su preocupación de manera evidente: un 67 % piensa que otros países se replantearían su pertenencia a las instituciones europeas si los británicos abandonasen.

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Las encuestas de los principales medios comunicación británicos anticipan el abandono de la UE por un estrecho margen. La encuesta de encuestas del Financial Times, muestra una diferencia de tres puntos porcentuales (47 % a favor de quedarse vs. 44 % que abogan por salirse). La influyente revista The Economist estima un cuasi empate.

Los españoles, concernidos pero lógicamente menos informados, derrochan, sin embargo, optimismo a la hora de valorar las posibilidades reales de Brexit. El 73% se declara convencido de que Reino Unido permanecerá en la Unión Europea, mientras que sólo un 16% piensa que la abandonará.

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Esperemos que, a la vista de las percepciones negativas que la posible salida de Reino Unido provoca entre la población española, estas proyecciones de los ciudadanos no se confundan con sus deseos: wishful thinking, lo llaman los ingleses.

 

[1] Estimaciones de la BBC que sitúa a los residentes (inscritos y no inscritos en el censo) entre 600000-800000. Las cifras oficiales del INE contabilizan 300000 británicos en España pero no incluyen aquellos no inscritos.
[2] Datos del ICEX.