Decepción, vergüenza y engaño son los adjetivos favoritos para la ciudadanía a la hora de definir la situación política actual de España. Lejos de la genérica “mala” o “muy mala” percepción de la coyuntura política, los españoles ponen los puntos sobre las íes.

No solo son mayoritarias estas palabras sino que el campo semántico que las rodea casi comprendería el conjunto total de respuestas ofrecidas (casi 200) a la pregunta. Da la impresión de que la ciudadanía esperaba ser preguntada al respecto. “Cuando piensa en la situación política actual de España, ¿cuál es la primera palabra que le viene a la cabeza?”… Que casi la totalidad de la población española (96%) se pronuncie de forma espontánea en una pregunta de este tipo —pocas veces ocurre—, podría reflejar una necesidad latente de expresar abiertamente lo que se siente acerca del bloqueo político que arrastra España desde enero.

No es noticia que la mayoría de la ciudadanía española no se siente feliz con la situación política actual. Eso sí, no se arrepiente de su voto, no reniega del multipartidismo y no responsabiliza al sistema. Al contrario, señala a los líderes, a su actuación política, como el principal obstáculo para formar gobierno y evitar así una nueva repetición electoral (que rechaza el 71%). Este es uno de los componentes fundamentales que alimenta el estado general de decepción y que lleva a muchos (un nada desdeñable 6%) hasta sentir directamente sonrojo, vergüenza.

Es llamativo que, de todas las respuestas, solo el 1% tenga carácter positivo —¿quizá irónico?— respecto a la situación política: “bien”, “fenomenal” o “esperanza” son algunas de las reducidas menciones. El 99% restante recorre un intervalo que va desde el muy minoritario recurso a la ofensa dirigido directamente a los políticos (“ladrones”, “basura”, “circo”), pasando por moderados estados de aflicción (“desconsolación”, “pesadumbre”, “desprotección”) hasta la mayoritaria “decepción”, sumando el “fraude”, el “engaño” y la “indignación”.

Las palabras más señaladas y repetidas, sin embargo, se distribuyen de forma significativamente desigual si aplicamos algunos criterios sociodemográficos. Es notable que a mayor edad, menor nivel de estudios y mayor inactividad ocupacional la expresión utilizada para definir el estado de ánimo gana en generalidad y pierde en especificidad. Esto se traduce en que la gente mayor, con más de 65 años, evita en mayor medida que el resto de ciudadanos pronunciar un adjetivo más atrevido o quizás comprometido. Prefiere destacar que se siente mal (21%), pero sin enfatizar ningún ingrediente de tal genérico malestar. En comparación con la gente joven, por ejemplo, es significativo que solo un 4% usa el término “mal” para describir su humor actual frente a la política. La personas jóvenes verbalizan con más precisión su estado de ánimo: destacan la decepción (13%) y, sobretodo  y ligeramente por encima del resto, la sensación de tomadura de pelo, de engaño (12%).

Esta diferencia según la edad correlaciona también con la situación ocupacional, es decir: las personas jubiladas, pensionistas y que se dedican al trabajo doméstico no remunerado—que podríamos englobar en la categoría de inactividad ocupacional—, acentúan en conjunto mucho más el estado general de malestar que quienes poseen actualmente un trabajo remunerado, están en paro o estudian. Estos últimos enuncian con más reiteración la decepción, el engaño o la indignación para explicar cómo se sienten. Esto ocurre de forma muy similar entre personas con estudios básicos y con estudios medios o superiores. El vocablo “mal” registra un 20% de menciones entre los primeros, mientras que no supera el 4% entre los segundos. No se observan diferencias significativas entre mujeres y hombres, salvo que ellas se consideran un poco más defraudadas que ellos, aunque bien es cierto que queda englobado dentro de un clima común de decepción extendida.

Por último, cabe destacar que esta pauta entre el uso de palabras más genéricas o adjetivos más concretos también muestra diferencias según el voto. La fractura divide a la “nueva” frente a la “vieja” política, si atendemos únicamente a los electorados de los cuatro principales partidos políticos. Quienes votaron a PP y PSOE en las elecciones del 26 de junio mencionan cuatro veces más el genérico malestar que quienes se inclinaron por Unidos Podemos y Ciudadanos (12% frente al 3%). Aunque las diferencias no son alarmantes, sí es significativo que el electorado de Ciudadanos es el que más repite la expresión “decepción” (18%, frente al 13% del PSOE, por ejemplo), mientras que el de Unidos Podemos recurre algo más a la “indignación” (8%, frente al 5% del PP).