Hagamos un balance demoscópico de los simbólicos 100 primeros días desde la toma de posesión de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. A falta de conocer cuál es el humor político ciudadano tras la vuelta de las vacaciones —en breve conoceremos este dato— lo que aquí interesa destacar es cómo ha variado la imagen del ahora presidente y de su partido, el PSOE, en los dos primeros meses de esta atípica legislatura(no olvidemos que es la primera vez en España que un candidato sale investido presidente tras una moción de censura).

Imagen de Pedro Sánchez

Desde que fue elegido por primera vez secretario general del PSOE, en julio de 2014, la labor política del actual presidente del Gobierno ha obtenido siempre más desaprobaciones que aprobaciones entre el conjunto de la ciudadanía. Con dos excepciones: junio de 2015 —un mes antes de las elecciones generales de ese año—, y febrero de 2016 —cuando el Rey le propuso como candidato a ser investido presidente del Gobierno tras la renuncia previa de Mariano Rajoy—.

En esos dos concretos momentos, aunque por estrecho margen, los españoles que aprobaban la labor política de Sánchez fueron más que quienes la desaprobaron. Durante el resto del tiempo, como se indica, han prevalecido las evaluaciones negativas: más moderadas durante su primer año y medio al frente del partido (con una media del 51% de opiniones desfavorables y un pico máximo del 57%); ampliamente mayoritarias a partir de su fallida investidura de hace dos años y medio (con una media de 65% de calificaciones negativas y un máximo del 74% en agosto del año pasado).

El perfil de la evaluación de Sánchez entre el conjunto de los españoles lo largo de este tiempo es similar al de la evaluación entre los votantes del PSOE, si bien entre estos últimos, el líder socialista siempre ha contado con un porcentaje superior de calificaciones positivas que negativas.

Su punto álgido lo alcanza, también, como entre el conjunto de la ciudadanía, en febrero-marzo de 2016 (coincidiendo con su fallida investidura): 87% de aprobaciones. A partir de ese momento, las evaluaciones positivas decrecen, si bien, la media se ha situado en un nada despreciable 65%.

No obstante, con la llegada a la presidencia y tras sus dos primeros meses de Gobierno, la imagen de Sánchez, tanto entre el conjunto de la ciudadanía como entre sus propios votantes, ha registrado una mejora significativa. Entre el total de los españoles su saldo evaluativo (diferencia entre los porcentajes de aprobación y desaprobación) sigue siendo negativo. Pero ha pasado de uno de -38 puntos en mayo (antes de su exitosa investidura) a -10 y -12 puntos en junio y julio, respectivamente.

Una mejora global que tiene que ver, fundamentalmente, con el hecho de que la mayoría de los votantes de los partidos que apoyaron a Sánchez en su moción de censura (y, en especial, los votantes de Unidos Podemos), han pasado a evaluar positivamente su gestión. Entre sus votantes la mejora de Sánchez es, incluso, más perceptible y de un saldo positivo de +30 punto en mayo, ha pasado a +61 y +54 en junio y julio, respectivamente.

Algunos datos complementarios ayudan a explicar este, de momento, cambio de tendencia. Por ejemplo, que el 63% de los españoles considerara —dato de Metroscopia de mayo de este año— que el tiempo de Rajoy ya había pasado. O que el 68% de los españoles —incluyendo al 97% de votantes de Unidos Podemos, al 90% del PSOE, al 59% de Ciudadanos, pero, también al 24% de los del PP) pensara que había motivos suficientes para la moción de censura presentada por Sánchez contra Rajoy.

Por otro lado, a la mayoría de los españoles (54%) creía, a comienzos de junio, que la elección de Sánchez como presidente del Gobierno era algo bueno para España. Y el 59% decía tener, una vez nombrado por el presidente, una impresión positiva del nuevo Gobierno. Incluso las primeras medidas adoptadas por el nuevo Ejecutivo gozaban de la aprobación ciudadana: el 76% aprobaba la gestión del buque Aquarius por parte del Gobierno y el 63% se muestra de acuerdo con la decisión de volver a incluir en el sistema público de salud a los inmigrantes en situación irregular.

Estimación de voto

La nueva buena (o mejor) imagen de Pedro Sánchez y del Gobierno entre sus conciudadanos y entre sus votantes han catapultado al PSOE a la primera posición en las últimas estimaciones de voto de Metroscopia para el caso de unas hipotéticas inmediatas elecciones generales. Habría que remontarse a la época del bipartidismo (y, en concreto, a la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno) para encontrar a los socialistas liderando el ranking de preferencias electorales de los españoles.

Esto se debe a que, por un lado, ha logrado movilizar a parte de sus votantes que se encontraban electoralmente hipotensos en los meses previos a la investidura: en marzo, abril y mayo de este año la fidelidad de voto de los socialistas se encontraba por debajo del 50% y, tras alcanzar el Gobierno se ha situado por encima del 60%. Por otro lado, el PSOE ha logrado reducir las fugas de votantes suyos hacia otras formaciones políticas al tiempo que ha mejorado su capacidad para atraer votantes de otras formaciones ajenas.

Así, si antes de la investidura un 7% de votantes de Unidos Podemos manifestaba su intención de votar al PSOE, en julio lo decía el 17%. Y los socialistas han logrado revertir el trasvase de votos con Ciudadanos: en mayo un 10% de los votantes PSOE manifestaba su intención de votar a Ciudadanos frente a solo un 1% que harían el camino inverso, mientras que en julio pasaron a ser porcentualmente más los votantes de Ciudadanos que preferían votar a los socialistas (7%) que a la inversa (5%).

Hasta aquí lo acontecido durante los dos primeros meses de la legislatura Sánchez. Lo que cabe ahora preguntarse —y pronto tendremos respuesta— es hasta cuándo va a durar esta, en apariencia, luna de miel de una parte importante de los españoles y de la mayoría de los votantes del PSOE (y casi en la misma medida, los de Unidos Podemos) con Sánchez y el nuevo Gobierno. El inicio del curso político no ha empezado bien para los socialistas: por un lado, la ministra de Sanidad, Carmen Montón, ha tenido que dimitir por las irregularidades de un máster que realizó en la URJC —es el segundo miembro de su Gabinete que tiene que dimitir tras la salido de Màxim Huerta el pasado mes de junio—, y, por otro lado, una parte de la agenda política y mediática está centrada, en estos momentos, en las dudas que Ciudadanos y PP han dirigido sobre la tesis doctoral del propio presidente del Gobierno.

No obstante, frente a estos hechos, el Congreso ha aprobado —con el voto a favor de los diputados del PSOE, Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, PNV, CC, Compromís y Bildu— la iniciativa del Gobierno, a través de un Decreto Ley, de exhumar los restos del dictador Francisco Franco para trasladarlos fuera del Valle de los Caídos. Una medida que cuenta con el visto bueno de la mayoría de los españoles, según datos de Metroscopia. Dependiendo de qué acontecimientos pesen más sobre el ánimo ciudadano veremos si la luna de miel que mantiene el actual Gobierno continúa o no. En breve lo sabremos.

Artículo publicado en: “lainformacion.com