El deseo de cambio político en la actualidad es sobre todo generacional, urbano y masculino. Hasta ahora hemos constatado que los futuros votantes de los principales partidos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) reúnen de forma asimétrica dos atributos: las formaciones emergentes (Podemos y Ciudadanos) se nutren fundamentalmente de personas jóvenes residentes en grandes ciudades, y las formaciones consolidadas (PP y PSOE) de un electorado más envejecido y residente en poblaciones rurales. Pero sobre esta premisa fundamental se hace necesario afinar el diagnóstico a partir de las variables edad, género y hábitat.

Podemos, el partido de los hombres jóvenes. Su potencial electorado está conformado por más hombres que mujeres en todos los segmentos de edad. Una cuarta parte (25 %) de los hombres jóvenes en España votarían a Podemos si hoy se celebraran elecciones generales, cifra que, por ejemplo, es solo del 8 % en el PP. Si los hombres jóvenes son su fortaleza, las mujeres mayores son su principal debilidad. Por ejemplo, únicamente el 2 % de las mujeres españolas con más de 65 años se inclinarían por votar a este partido en unas generales.

Ciudadanos, menos marcado por el género. Los hombres jóvenes son también su fuente de votantes más destacada (20 %) pero, a diferencia de Podemos, registra una presencia más equilibrada en la distribución por edad y género e incluso con más mujeres que hombres en el tramo de edades medias (35-54 años). El electorado de más edad es, como en el caso de Podemos, menos favorable a la formación naranja.

PP, el partido de las personas mayores. Casi un tercio (31 %) de los hombres y un 27 % de las mujeres con más de 65 años votarían al PP en unas elecciones generales que se celebraran ahora. De media esto significaría una distancia cercana a 30 puntos en comparación con Podemos y Ciudadanos, y cercano al 15 respecto al PSOE. Hoy por hoy, la gran debilidad electoral del PP es la población joven y, en especial, los hombres entre 18 y 34 años.

PSOE, más transversal y con más mujeres. Entre todos los partidos, el PSOE presenta la distribución por edad y género más equilibrada: la distancia entre el porcentaje más alto (21 %, mujeres entre 55 y 64 años) y el más bajo (12 %, hombres jóvenes) es solo de 9 puntos, muy inferior a los 23 de PP y de Podemos. El rasgo más destacado es que las mujeres superan a los hombres en casi todos los tramos de edad, especialmente entre quienes tienen más de 55 años.

El deseo de cambio político tiene un claro perfil masculino: contestatario en el caso de Podemos y reformista en el de Ciudadanos. Los hombres jóvenes son los mayores demandantes de cambio. Así, entre el electorado que se inclina por la continuidad (PP o PSOE) y el que lo hace por el cambio (Podemos o Ciudadanos) no basta la perspectiva generacional, sino que es necesario incluir otros factores, como el género y el hábitat. En los ámbitos urbanos (poblaciones de más de 50.000 habitantes), el factor generacional es el único significativo, es decir, los votantes de Podemos y Ciudadanos se caracterizan fundamentalmente porque son jóvenes, mientras que los de PP y PSOE son de edades avanzadas (sobre todo de más de 65 años). En cambio, en los ámbitos rurales (menos de 50.000 habitantes) no solo la edad es determinante, sino igualmente el género. El claro ejemplo son los partidos emergentes: por cada cinco jóvenes solo una persona mayor votaría a Podemos o Ciudadanos y, por cada seis hombres, solo dos mujeres.

Pero además, los hombres jóvenes son en este momento quienes muestran mayor intención de acudir a votar en unas elecciones generales que se celebraran hoy (10 puntos por encima de las mujeres jóvenes). A partir de los 35 años, las diferencias no son significativas.

PSOE y, sobre todo, PP tendrían que enfrentarse al problema de la renovación generacional de su potencial electorado. De cara a las generales de 2015, todo parece indicar que el grado de movilización de los jóvenes será un factor decisivo en el resultado final (así fue en el 24M en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia). En la actualidad se sienten mayoritariamente defraudados por el sistema pero, como novedad, altamente movilizados en clave electoral. Está por ver, primero, si al final acudirán a votar de manera masiva en las próximas elecciones y, segundo, si el resultado de las urnas mantendrá su grado de interés y participación en el sistema político.

 

El País