Metroscopia - Fidelidad de voto del PP y la transferencia de voto a ciudadanosLas vertiginosas tendencias de cambio de este año 2015 en España son un terremoto cuyas sacudidas no paran de producir asombro. La casa del PP, por ejemplo, con más de 25 años de historia a sus espaldas, está viendo cómo Ciudadanos le desgasta los cimientos en apenas tres meses. Así, el desplome de los populares parece deberse fundamentalmente al surgimiento de esta nueva fuerza política, que ganaría todo lo que el otro pierde.

Sin embargo, si algo caracteriza los trasvases de votos (en este caso, de posibles votos) entre partidos es la multiplicidad de sus movimientos, un fenómeno difícil tanto de prever como de explicar y que no se presta a ecuaciones simples. Pero una razón de peso que invita a descartar el argumento de que el ¡boom! de Rivera es la causa del ¡bam! de Rajoy nos la ofrece la perspectiva del tiempo, que tantas cosas acostumbra a poner en su sitio. A partir de la fidelidad de voto, un indicador de la lealtad de los electores a un partido político de una elección a otra, se observa que Ciudadanos no es causa sino resultado de la desestabilización popular.

2012, verano del desamor

El desapego de los votantes del PP no se produjo, como podría pensarse, en enero de 2015 con la irrupción de Ciudadanos, sino dos años y medio antes. Posiblemente como consecuencia de las medidas anticrisis adoptadas por el Ejecutivo, en solo ocho meses de legislatura la fidelidad de voto bajó del 90 % al 50 %. La ruptura se produjo en agosto de 2012, cuando la mitad de quienes le votaron en noviembre de 2011 se abstenían o mostraban intención de votar a otro partido.

2013, el alejamiento

Un año después, la situación no solo no mejoró sino que alcanzó su peor momento. En julio de 2013, solo un 35 % de sus electores se mostraba dispuesto a votarles de nuevo, es decir, 3.5 millones de los 10.8 millones que le otorgaron la mayoría absoluta 20 meses antes. El alejamiento de la mayoría de sus votantes se manifestaba en la crecida de la abstención, el hospedaje habitual de los famosos votantes ocultos del PP.

2014, fe en el retorno

La experiencia demostraba que el electorado popular actuaba como un boomerang. No importaba cuán lejos pudiera alejarse porque siempre acababa retornando, independientemente de la intensidad del hastío que motivara la separación. Confiando en sus reformas para la recuperación económica y en minimizar el daño por los casos de corrupción, las ventanas de Génova esperaban abiertas una vuelta de los suyos que, eso sí, tardaba en producirse.

2015, el abandono

Metroscopia- PP y C's fieles y transferencias

Dos años y medio después de aquel verano de 2012, la tendencia se mantuvo inalterada: alrededor del 45 % permanecía fiel, un 35 % continuaba al resguardo de la abstención y un 20 % se había planteado ya cambiar de bando. Esta situación parecía apoyar la tesis de siempre: cuando lleguen las elecciones volverán (como mínimo ese 35 %). La cantinela del voto oculto no desafinaba pese a la repentina crecida de Podemos desde noviembre de 2014 (no eran un peligro). Pero todo cambió en 2015. La llegada de Ciudadanos vino a equilibrar el tablero en términos ideológicos y a dar motivos para la emancipación al conjunto de refugiados en la abstención.

En menos de tres meses, se estima que 2 millones de votantes del PP en 2011 tendrían intención de votar en este momento a Ciudadanos. Y no se trata de una mordida directa al grupo actual de fieles, sino al electorado que llevaba alejado del PP desde 2012. El dato clave es que, con la llegada de este nuevo partido, el porcentaje de abstencionistas del PP vuelve a ser exactamente el mismo (20 %) que en el verano de dos años y medio atrás. Por lo tanto, que el 40 % del electorado naranja provenga del azul no es algo baladí. Pero tampoco lo es que el éxito de Ciudadanos se deba en gran parte a su capacidad de atraer a votantes populares disgustados.

 

El País