Las preferencias de los valencianos sobre cuál debería ser la forma ideal de organización del Estado coinciden básicamente con las manifestadas por el resto de los españoles: la mayoría —de unos y de otros— se inclinan por cambiar el actual sistema de Comunidades Autónomas. Mientras que unos abogan por retornar a un Estado centralista, sin Autonomías (opción preferida por una mayoría de votantes populares tanto nacionales como valencianos) otros defienden, por el contrario, extender las actuales competencias de las Comunidades —incluyendo entre estos últimos a quienes se decantan por un Estado federal en el que estas tengan la condición de Estado (opción preferida por una mayoría de votantes socialistas)—.

Desde su constitución en 1978, el sistema autonómico fue gradualmente ganando aceptación entre los ciudadanos hasta alcanzar su culmen en los primeros años del presente siglo, cuando más de la mitad de los españoles lo mencionaban como la forma preferida de organización territorial. Ahora, la proporción de ciudadanos que dicen preferirlo se ha reducido a la mitad, al tiempo que se han multiplicado por tres los partidarios de un sistema centralista —porcentajes similares a los registrados hace un cuarto de siglo—. Y llegan a superar el 20 % quienes defienden un Estado federal, una opción prácticamente inexistente en la agenda política y social de hace solo unos años. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Sin duda, las intensas y prolongadas discusiones públicas sobre la reforma de algunos Estatutos de Autonomía, que estuvieron muy presentes durante las anteriores dos legislaturas, y las tensiones todavía no resueltas con algunas nacionalidades históricas, especialmente con Cataluña, han contribuido a erosionar el afecto ciudadano hacia el actual sistema. Pero, probablemente, el factor que más fuertemente ha mermado su buen crédito alcanzado a lo largo de estas décadas ha sido la llegada y permanencia de la crisis económica. La sensación ciudadana de que las Comunidades Autónomas han contribuido al despilfarro y a empeorar la crisis —aquí entra el problema de la corrupción— y no a crear empleo o mejorar el existente está probablemente detrás de este creciente cuestionamiento del sistema. Es el caso concreto de la Comunidad Valenciana según se desprende del sondeo llevado a cabo por Metroscopia para EL PAÍS. Los valencianos tienen una opinión mayoritariamente negativa de la situación económica de su Comunidad tanto en términos absolutos como comparativos (se ven peor que otras regiones). Señalan el paro y la corrupción como los principales y graves problemas de la región. Y no perciben que sus representantes autonómicos estén tomando las medidas necesarias para solucionarlos.

Metroscopia Organización del Estado

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El País