En la nueva era del conocimiento que se abre ahora, el big data —es decir, la disponibilidad de datos a lo grande (a lo inmenso, por mejor decir)— y los sondeos de opinión se necesitan mutuamente. Han de ir, forzosamente, de la mano. Si esto no resulta tan obvio como debiera, se debe sin duda al inadecuado entendimiento general de lo que los sondeos realmente son y a la fe tan ciega como difusa, por parte de algunos, respecto de lo que el big data, por sí solo, puede conseguir. Los sondeos de opinión nacieron con la intención de contribuir a un mejor conocimiento de los valores, emociones, actitudes y opiniones de los ciudadanos: es decir, de los factores más susceptibles de moldear y encarrilar su comportamiento. El objetivo era captar y medir, de forma regular, el pulso social —en expresión de Gallup—, es decir, las evoluciones del estado de ánimo colectivo. No fueron concebidos para predecir comportamientos, sino para describir las predisposiciones ciudadanas a actuar en un sentido u otro. Su objetivo es arrojar luz sobre los climas de opinión que puedan existir, y obrar como una especie de brújula que indique la dirección del sentir colectivo. (Este es, por cierto, el único sentido posible de los sondeos preelectorales, por más que hayamos todos condescendido, con errónea ligereza, a falsear su función concediéndoles un valor predictivo que solo de forma muy aproximada y tangencial pueden llegar a tener).

José Juan Toharia en “Humanizar los datos”

Los sondeos de opinión, nacidos en 1935, tuvieron una —breve— época dorada entre 1936 y 1948. Desde entonces, y a pesar de su uso ahora masivo y continuado, han permanecido —recurrente y generalizadamente— bajo sospecha. «Se equivocan mucho», es la tópica sentencia, casi universal, que sobre ellos pesa. Pero no es cierto: el expediente histórico de los estudios de opinión (como descriptores de estados de ánimo colectivo, no como pronosticadores de comportamientos) es abrumadoramente positivo. Su excesiva (y no siempre cuidadosa) utilización pueden haber propiciado su banalización y con ella su depreciación como instrumento, razonablemente fiable, para el mejor conocimiento del pulso social.

El propósito de estas Clases Magistrales* es aclarar por qué, en una sociedad democrática avanzada, resulta insoslayable el seguimiento de los estados de opinión; hasta qué punto, y con qué limitaciones, es posible hacerlo; y qué uso procede —y sobre todo, no procede— hacer de los datos obtenidos.

Programa:

14 de noviembre – Opinión pública: un fenómeno en busca de conceptualización, una conceptualización lunes en busca de metodología:

  • Breve introducción histórica al gradual (y en ocasiones confuso y ambiguo) desarrollo del concepto de opinión pública: expresión del estado de ánimo colectivo/mecanismo de control social.
  • Democracia/prensa/opinión pública: la tríada definitiva.

15 de noviembre – El siglo XX, siglo de la opinión pública.

  • Aparición, auge, (¿y crisis?) de los sondeos de opinión.
  • Qué son, como funcionan y para qué sirven (y para qué no) los sondeos de opinión.
  • Expectativas y decepciones.

16 de noviembre – Ochenta años después: qué hemos aprendido sobre la opinión pública.

  • Cómo (y a quién) preguntar.
  • Cómo recoger y tratar las respuestas.
  • Cómo interpretar los datos obtenidos.

Impartido por: José Juan Toharia Cortés (Madrid, 1942) es doctor en Derecho por la Universidad Complutense y doctor en Sociología (PhD) por la Universidad de Yale. Catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid, desde 2004 es presidente de Metroscopia. Formó parte del grupo fundador de Cuadernos para el Diálogo y de su Consejo de Redacción durante toda la existencia de la revista. Ha publicado libros y artículos sobre opinión pública y sociología política y del derecho. En la actualidad coordina, desde Metroscopia, el proyecto de estudio continuado de la opinión pública española «Pulso de España». Colaborador regular en el diario El País.

Lugar de celebración: CaixaForum, Paseo del Prado, 36, Madrid

Información y reserva de plazas: tel. 902 100 419 catedra.economia.sociedad@lacaixa.com

* Las CLASES MAGISTRALES ofrecen, con un nivel académico de alta divulgación, desarrollos sistemáticos sobre temas relevantes de la cultura de nuestro tiempo, tanto en sus dimensiones humanísticas como científicas, acreditándose su puntual seguimiento con DIPLOMA.