¿Debería tener derecho un enfermo incurable a que los médicos le proporcionaran algún producto para poner fin a su vida sin dolor? El 84% de los españoles cree que sí, según la última encuesta de Metroscopia llevada a cabo a finales de febrero de este mismo año.

Un elevado porcentaje que refleja la transversalidad de este apoyo a la denominada muerte digna en el conjunto de la población española. Mucho más extendido entre los más jóvenes (90% entre los menores de 35 años) pero es ampliamente mayoritario entre los más mayores (74% entre los de 65 y más años); cuenta con mayor amplitud entre los votantes de Unidos Podemos  (96%), PSOE (91%) y Ciudadanos (89%) que en entre los del PP (66%) pero, entodo caso, entre los populares, es mayoritario.

Cabe resaltar que la Comunidad de Madrid, gobernada actualmente por el PP con el apoyo de Ciudadanos, ha sido, de momento, la última que ha pasado a contar con una ley autonómica sobre la muerte digna. Se ha unido a una lista compuesta por Galicia, Asturias, Euskadi, Navarra, Aragón, Andalucía y Baleares. El pasado 2 de marzo, la Asamblea madrileña aprobó por unanimidad la Proposición de Ley de derechos y garantías de las personas en el proceso final de la vida.

 

En todo caso, el dato más destacado entre el apoyo ciudadano a la muerte digna es el que proviene de los católicos practicantes: el 56% se muestra a favor, un porcentaje que se incrementa sustancialmente entre los católicos poco practicantes (84%) y los no practicantes (88%).

El apoyo ciudadano a la muerte digna ha ido incrementándose gradualmente en nuestro país en los últimos años. Es difícil hablar del derecho a morir dignamente sin retrotraerse a 2005, año en el que el doctor Montes —Coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa— fue investigado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid (que en ese momento estaba a cargo de Manuel Lamela del partido Popular). La investigación se inició a partir de dos denuncias anónimas en las que se le acusaba de sedaciones en dosis elevadas a enfermos terminales. Una encuesta de Metroscopia en enero de 2008 —coincidiendo con el cierre del caso del doctor Montes en los tribunales que ratificó el sobreseimiento que ya se había determinado en 2007— mostraba el amplio apoyo ciudadano a la muerte digna: el 70% estaba de acuerdo con que un enfermo incurable tuviera derecho a que los médicos le proporcionasen algún producto para poner fin a su vida sin dolor. Aquel era un porcentaje 17 puntos superior al de 20 años antes[1]. Desde entonces, el apoyo a la muerte digna no ha dejado de crecer en nuestro país. Solo seis meses después de esa primera encuesta de Metroscopia (julio de 2008), el porcentaje de apoyo se incrementaba 10 puntos hasta un 80%. Y de ahí al actual 84%.

La opinión de los españoles apenas difiere de la de los franceses, italianos, alemanes, ingleses o estadounidenses. En Francia, el apoyo a la muerte digna es, desde hace tiempo, muy amplio e incluso ha aumentado en los últimos años: en 2001, el 88% la aprobaba (incluyendo a un 82% de los católicos practicantes y a un 58% de los musulmanes) y en 2014 —según datos del instituto IFOP— ese porcentaje llegaba hasta el 92% (además de que un 86% estaba a favor de legislar la eutanasia activa y un 80% de establecer la posibilidad del suicidio asistido).

En Italia, en 2006, el 64% de los ciudadanos se mostraba a favor de poder aplicar la eutanasia a un enfermo terminal[2] , un porcentaje que incluía a un 50% de los católicos practicantes. Diez años después, en 2016, ese apoyo se mantenía en el 60 %[3]. En Alemania, el porcentaje de apoyo a la eutanasia era del 58 % en 2008 y del 67 %[4] en 2014, se incluía a un 66% de católicos y a un 66% de evangelistas. En Gran Bretaña, en el año 2010, el 67 %[5] pensaba que los médicos deberían tener el poder legal para poner fin a la vida de un enfermo terminal que hubiera indicado claramente su deseo de morir. En 2015, un 82 %[6], incluyendo a un 80% de cristianos, se mostraba a favor de que la muerte asistida fuera legal. En Estados Unidos, el apoyo a la eutanasia viene de antiguo: en 1947 y 1950 el 37% y 36% de la población (respectivamente) estaba a favor de una Ley que permitiera poner fin sin dolor a la vida de un paciente con una enfermedad incurable si así lo requería era minoritario . Pero, según los datos existentes[7], desde 1973 el apoyo de los estadounidenses a la eutanasia se tornó mayoritario: el 53% en ese año y el 69% en 2016.

 

[1] En una encuesta del CIS de 1988, un 53 % pensaba que un enfermo incurable debía tener derecho a que los médicos le proporcionaran algún producto para poner fin a su vida sin dolor. El 27 % se mostraba en contra y un 20 % tenía dudas o no contestaba a esta pregunta.
[2] Según un sondeo de IRP Marketing para la Repubblica.it
[3] Datos del instituto EURISPES.
[4] Datos del instituto IFD Allensbach.
[5] Datos del instituto YouGov.
[6] Datos del instituto POPULUS.
[7] Datos del instituto Gallup.
FICHA TÉCNICA: El sondeo se ha efectuado mediante entrevistas telefónicas a una muestra nacional de personas residentes en España, mayores de 18 años y con derecho a votar en elecciones generales. Se han completado 4.037 entrevistas a través de llamadas a teléfonos móviles seleccionados de forma aleatoria a partir de un generador automático de números telefónicos. Posteriormente se han calibrado los datos a partir de una ponderación múltiple por sexo, edad, hábitat y región (Comunidad Autónoma). La eficiencia de la ponderación es del 62,2%, de modo que la muestra efectiva es de 2.510 entrevistas. El error de muestreo, para un nivel de confianza del 95.5% (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), es de ±1.6 puntos (tras la ponderación, ±2.0 puntos). La recogida de información y el tratamiento de la misma han sido llevados a cabo íntegramente en Metroscopia. Fecha de realización del trabajo de campo: entre los días 31 de enero y 2 de febrero de 2017.