El sondeo de Metroscopia deja claro que los españoles no desisten de su apuesta por un modelo multipartidista. El resultado que, por el momento, cabe prever para el 26 de junio es un déjà vu: los mismo líderes, los mismos partidos y un reparto de votos y escaños sensiblemente similar al actual. Posiblemente con matizaciones: podría darse un práctico empate (en votos, aunque no necesariamente en escaños) entre PSOE y Podemos/IU si finalmente estas dos formaciones concurren coaligadas; o podría producirse un aumento de los apoyos a Ciudadanos (si muchos de quienes declaran su identificación con esta formación no vuelven, como en diciembre, a conformarse con expresarla de palabra y no en las urnas); e, incluso, podría producirse un reforzamiento del PP -pese a cuanto en estos meses ha afectado a esta formación-: una baja participación, como la que ahora parece probable, le permitiría enjugar (o incluso revertir) cualquier potencial, y adicional, defección de parte de esos votantes enfadados con el actual estado de las cosas en su partido.

Pero en todo caso, y posibles matices aparte, todo indica que el 27 de junio volverá a haber cuatro noganadores, pues ninguno de ellos, por sí solo, tendrá fuerza suficiente para formar Gobierno y, menos aún, para emprender las reformas que nuestra sociedad necesita y reclama. Volverá a ser imprescindible el pacto, activo o pasivo, a tres (incluso en la hipótesis -últimamente tan escuchada como aventurada- de que PP y Ciudadanos llegasen a contar con escaños suficientes como para formar Gobierno, sin Rajoy)Tras estas elecciones llegará, definitivamente, la hora de la grandeza de espíritu, del posibilismo (frente al maximalismo), del pacto y de las mutuas cesiones. Y quedará fuera de juego quien no llegue a entender que, en una sociedad compleja y plural, el poder necesariamente se ha de compartir sin que nadie pueda pretender ocuparlo en solitario.