En ningún sondeo de los publicados desde el 20 de diciembre resulta posible rastrear la más mínima indicación de que los españoles se estén arrepintiendo de haber optado por el cuatripartidismo. Por el contrario, cuando se les pregunta directamente al respecto la respuesta es tajante: la nueva escena política no se debe a una ocurrencia del electorado sino que está aquí para quedarse. Lo único que lamentan es que la mitad de nuestra clase política todavía no se haya enterado —o no se haya querido enterar—de que este es, realmente, el mandato que han recibido: instaurar un tiempo nuevo, un clima político renovado, plural y flexible, que posibilite—desde el mutuo respeto y las recíprocas, e inevitables, concesiones— las profundas reformas que se demandan. Gobernar no va a ser ya solo cosa de uno, ni siquiera de dos: va a requerir acuerdos más amplios. Guste más, o guste menos.

En este sentido, si algo confirman los datos del ejercicio estimativo de Metroscopia es precisamente el gradual debilitamiento a lo largo del mapa electoral de la opción bipartidista, en suave deriva hacia un cuatripartidismo cada vez más equilibrado. En las diez provincias estudiadas, que en conjunto atribuyen 131 diputados (el 37% del Congreso), PP y PSOE sumaron el pasado diciembre 71 escaños, frente a los 50 de Podemos y Ciudadanos: 21 escaños de diferencia. En el momento actual, apenas tres meses después, esa diferencia quedaría en 14. Este recorte de las distancias entre los partidos clásicos y los nuevos  no se hace sentir, lógicamente, en igual medida en las circunscripciones que menos escaños reparten. Nuestro sistema electoral otorga una decisiva prima de mayoría a quienes en ellas quedan en cabeza. Con todo, en cada una de las cinco utilizadas como testigo en este sondeo, Ciudadanos lograría ahora hacerse con un escaño instaurando así el tripartidismo en distritos con un largo historial de bipartidismo.

Con estos datos, no parece buena idea tratar de estirar la actual situación con la esperanza de que, finalmente, salte el  hilo que la ha cosido —que algunos desean quebradizo—. Mucho tendrían que cambiar las cosas (es decir: mucho tendría que polarizarse de aquí a finales de junio nuestra ahora serenamente plural sociedad —algo que nadie en su sano juicio cívico puede desear—) para hacer así posible la resignada, y enconada, reorientación hacia  una escena política en blanco y negro.