La Estrategia Española de Movilidad Sostenible (EEMS) fue aprobada por el Consejo de Ministros en 2009, con el fin de fomentar el trasporte público, la utilización de combustibles más sostenibles y una planificación urbanística adecuada. Según la EEMS, la energía consumida por el sector del transporte representa más del 40 % de la energía total, siendo uno de los principales responsables del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Al deterioro de la calidad del aire que esto supone, hay que añadir la contaminación acústica que genera el tráfico, que afecta al 26.7 % de los hogares y, además, el espacio urbano ocupado por el transporte motorizado, que representa porcentajes superiores al 50 %, lo que reduce en gran medida el carácter socializador de las ciudades.

Actualmente, el 47 % de la energía que se consume en España procede del petróleo, destinado fundamentalmente al transporte. Todavía dependemos de las fuentes de energía fósil, de hecho, si la población global viviera como un ciudadano español medio, se necesitarían tres planetas para cubrir sus necesidades. A pesar de ello, se ha aprobado el Real Decreto-Ley 1/2012 que suprime ayudas a nuevas instalaciones de energía renovable.

Los problemas ambientales urbanos tienen también mucho que ver con la velocidad con que se están produciendo cambios. Entre los años 1950 y 2000, el consumo mundial de energía primaria se multiplicó por cinco, la población, por más de dos, las emisiones de dióxido de carbono, casi por cinco, y el consumo anual de petróleo pasó de 3 800 barriles a 27 635.

La preocupación de los europeos al respecto queda reflejada en los datos del Eurobarómetro 2011: el 51 % considera el cambio climático como uno de los problemas más graves del mundo —el 20 % cree que es el mayor problema—. Una inquietud que recoge la Semana de la Movilidad, celebrada cada año, en septiembre, y que ha reunido a más de 2 000 ciudades de 43 países diferentes para reclamar la necesidad de formas de desplazamiento más sostenibles que favorezcan la mejora de la calidad del aire y de la vida urbana. Posiblemente por ello, cada vez más personas se suman a un ritmo de velocidad de vida más sostenible. En España, como sucede en Europa, se venden ya al año más bicicletas (780 000 unidades, el 4 % del total de la Unión Europea) que coches (700 000). La industria española de la bici tiene el objetivo de lograr un 24 % de movilidad, el mismo que tiene Holanda. Actualmente, en San Sebastián y Zaragoza, los desplazamientos diarios en bicicleta son casi el 3 %; en Barcelona, el 2 %; aunque otras capitales, como Madrid, apenas llegan al 0.3 %. Pese a que aún no todas las ciudades españolas están adaptadas a las dos ruedas, el avance parece ser indiscutible. Y miles de ciudadanos pedalean ya hacia un modelo urbano más sostenible.

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia.

El País