Los españoles siguen sin percibir la mejora del mercado laboral. Aunque la tasa de desempleo empezó a descender en 2014, la sensación cada vez más predominante en la ciudadanía es que el paro va a seguir todavía igual de alto durante mucho tiempo (72% ahora, 65% en julio).

En alguna medida, este repunte del pesimismo económico laboral puede estar condicionado por la última cifra de paro de agosto —que no acostumbra a ser un buen mes para la medición del mercado laboral dado que la cifra de desocupados suele incrementarse debido a que muchas empresas interrumpen su actividad y a que muchos contratos finalizan tras la temporada alta de turismo—. Pero, lo que más está desalentando el estado de ánimo colectivo son las consecuencias económicas derivadas de la crisis y del elevado desempleo que ha ido ocasionando. Primero, porque la vida de muchas personas se ha visto severamente castigada por sus efectos. El 71% de quienes actualmente están desempleados tiene dificultades para hacer frente a sus gastos cotidianos (entre el conjunto de la ciudadanía española esta proporción no supera el 52%). Y en segundo lugar, porque la falta de expectativas de reincorporación al mercado laboral es cada día más preocupante: dos de cada tres desempleados consideran bastante improbable la posibilidad de encontrar trabajo en un futuro cercano (proporción que se acerca al 100% entre los parados de más de 55 años).

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La peor crisis económica en décadas ha destruido 3.8 millones de empleos y la tasa de paro ha alcanzado en estos últimos ocho años niveles nunca vistos (casi el 27%). Las cifras son tan abrumadoras que la inseguridad e incertidumbre han alcanzado también al segmento de población ocupada: el 15% contempla la posibilidad de ser despedido a corto plazo y son mayoría clara (70%) quienes creen que en caso de perder su trabajo actual, sería prácticamente imposible encontrar otro de similares características. Estos datos provienen del Barómetro de Confianza en la Economía que Metroscopia elabora cada mes y que en sus últimos resultados refleja también la reducción del poder adquisitivo de los españoles en estos años de crisis. El 42% se ha visto obligado a posponer compras que necesitaba hacer por falta de liquidez (el 66% entre los desempleados).

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Los periodos de alta desocupación llevan asociada una pérdida significativa de las partidas remunerativas. Este contrasentido se explica mediante la Curva de salarios de los economistas Blanchflower y Oswald, una curva de pendiente negativa que concluye que las personas que trabajan en regiones donde existe un elevado desempleo, reciben salarios sustancialmente menores que aquellos que trabajan en lugares donde el desempleo es menor. La relación inversa entre el nivel de salarios y el nivel de desempleo es un fenómeno anómalo de las economías modernas que se percibe con claridad en España.

Los problemas del mercado de trabajo no son nuevos en nuestro país, el desempleo ha sido tradicionalmente una de las principales preocupaciones de los españoles en la historia de nuestra democracia, debido fundamentalmente a que en tres ocasiones la tasa de desocupados ha superado el 20% en estos últimos 40 años y ha permanecido en esas elevadas cifras durante largos periodos. No obstante, volver a las tasas de ocupación y desempleo anteriores a 2008 no va a ser tarea sencilla ni rápida.

El futuro gobierno de España, por tanto, deberá tomar debida cuenta e implementar políticas activas encaminadas a solucionar de manera urgente el paro de larga duración y la creación de empleo. Para ello es vital que impulse el crecimiento del tamaño medio de nuestras empresas y se fomente la reincorporación de los parados mediante formación inmediata en colaboración con las empresas, como ocurre en Alemania y Dinamarca, donde existen programas de orientación y formación muy eficaces.