No se nace de izquierdas o de derechas, sino que se llega a serlo. Pero cabe preguntarse si estas referencias siguen todavía siendo válidas para comprender el estado de la cuestión política en la actualidad. La respuesta de Albert Rivera y Pablo Iglesias ha sido hasta ahora tajante: el histórico eje izquierda-derecha se ha quedado obsoleto ante los nuevos desafíos del siglo XXI. Sin embargo, esta afirmación parece tener más de estrategia política que de certeza.

Para Ciudadanos, la estrategia es más bien tecnocrática: frente a políticas ideológicas de izquierdas o de derechas, políticas acertadas o desacertadas (lo que UPyD en su Manifiesto Fundacional denominaba ser progresista). En cambio, para Podemos el eje izquierda-derecha debía dejar paso al eje arriba-abajo (casta-gente). Iglesias reconocía honestamente esta estrategia al elegir el terreno más favorable de disputa electoral (eje arriba-abajo), ya que en el de izquierda-derecha “no tenemos ninguna posibilidad de ganar”.

Una relectura del presente desde el pasado —salvando las distancias— permite identificar la continuidad de los espacios político ideológicos de los principales partidos en España. Al margen de las estrategias, los espacios se mantienen. Se trata, por ejemplo, del paralelismo entre Ciudadanos, Unión de Centro Democrático y Centro Democrático y Social o el de Podemos con Izquierda Unida y el Partido Comunista de España.

ucd 1987vote centroEl voto de centro fue una vez explícito. Tuvo una cara, una identidad, una papeleta: UCD. En el año 1979, el centro era sinónimo de camino seguro a la democracia. La posición moderada por excelencia que sorteaba extremismos. Esto le permitió no solo más de 6 millones de votos y 168 escaños, sino ocupar el centro ideológico como nunca nadie, ni antes ni después, logró. El recorrido lo continuó el CDS, aunque bastantes peldaños por debajo: el centro avanzaba —recogía el slogan— hasta que en 1986 conseguía casi 2 millones de votos y 19 diputados, sobre todo gracias a continuar la implantación del voto a UCD en la meseta central (fundamentalmente Madrid y Castilla y León).

El éxito de UCD, en términos de escala ideológica 0-10 (0, extrema izquierda y 10, extrema derecha), fue que no solo dominó el centro puro (5) sino que gozó de una destacada presencia en el centroizquierda (4) y en el centro-derecha (6). Cuando 36 años después, se reconoce que con un sistema multipartidista el centro no basta para ganar las elecciones generales, la razón principal está aquí y, más concretamente, la representa Ciudadanos.

El espacio político ideológico del electorado naranja es prácticamente un calco del de UCD y CDS. Por eso, no es casual que Rivera eligiera el pasado 1 de noviembre Ávila como escenario de la segunda transición ciudadana. Se trataría de un voto de centro implícito, pero de centro al fin y al cabo.

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NOTA: En los sondeos postelectorales del CIS, la escala ideológica utilizada era de 1 a 7 puntos (1, extrema izquierda y 7, extrema derecha). Se ha procedido a una simulación proporcional de su extensión en el espectro ideológico partiendo de la base de que el 4 en la escala 1-7 sería el 5 en la escala 0-10. Los gráficos se elaboran con la distribución del recuerdo de voto a UCD en 1979 y a CDS en 1986 y de la intención directa de voto declarada a Ciudadanos en noviembre de 2015 a lo largo de la escala de autoubicación ideológica 0-10 (0, extrema izquierda y 10, extrema derecha) en el caso de elecciones generales.

El caso de Podemos es ligeramente parecido al de Ciudadanos, aunque en el territorio de la izquierda. Hoy por hoy, la formación morada se despliega en el espacio que históricamente ocupó el PCE e IU. La diferencia más importante en términos de espacios político ideológicos es su transversalidad, pues Iglesias compite en una liga a la que IU y PCE nunca tuvieron acceso. Así, la competición por el centroizquierda con el PSOE traza en Podemos una figura extendida en dos direcciones: hacia arriba, por el mayor número de potenciales votantes que registra; y hacia un lado, por la extensión desde la izquierda (3) hasta el centro (5). Al compartir antiguos votantes tanto de IU como de PSOE se instala a caballo entre ambos. Según el Clima Social de noviembre, lograría el 17.0% de los votos (casi 7 puntos porcentuales más que el mejor resultado histórico de IU en 1996 —10.5%—) y manteniendo opciones de disputarle la tercera plaza al PSOE (21.0%).

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NOTA: En los sondeos postelectorales del CIS, la escala ideológica utilizada era de 1 a 7 puntos (1, extrema izquierda y 7, extrema derecha). Se ha procedido a una simulación proporcional de su extensión en el espectro ideológico partiendo de la base de que el 4 en la escala 1-7 sería el 5 en la escala 0-10. Los gráficos se elaboran con la distribución del recuerdo de voto a PCE en 1979 y a IU en 1996 y de la intención directa de voto declarada a Podemos en noviembre de 2015 a lo largo de la escala de autoubicación ideológica 0-10 (0, extrema izquierda y 10, extrema derecha) en el caso de elecciones generales.

Con este escenario de cierta continuidad en el tablero ideológico, se puede entender mejor cómo los dos partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, han ocupado el vacío dejado por el tándem PP-PSOE. Siguiendo la línea retrospectiva, Ciudadanos se ha hecho con el área del centro en el que únicamente competían los dos partidos históricos. Eso sí, el PSOE ya perdió buena parte de su fuerza en el centro y en el centroizquierda entre 2008 y 2011, mientras que el PP consiguió mantenerla con la misma firmeza. Por su parte, Podemos hace lo propio con el espacio socialista en el centroizquierda.

En definitiva, todo votante desencantado con el bipartidismo estaría aprovechando ahora la ocasión que brindan las nuevas formaciones para abandonar —al menos por ahora— el barco bipartidista. pp_psoe

Las palabras de Giovanni Sartori siguen teniendo vigencia hasta hoy cuarenta años después de que las plasmara en su célebre libro Partidos y sistemas de partidos. La disposición de izquierda y derecha es, decía el politólogo italiano, una imagen espacial que funciona porque ordena las posiciones de los partidos, aunque, eso sí, es algo vaga. Limitar la complejidad de la política solo a una línea de izquierda y derecha es una reducción demasiado drástica. No obstante, también es cierto que son imaginarios útiles que se ven reforzados por la imagen que transmiten los partidos y por el propio consenso cultural que existe en torno a la posición ideológica que ocupan.

Las etiquetas de izquierda, centro y derecha se pueden descargar y recargar de significados con facilidad, pero mantienen una constante al margen de las estrategias políticas: los espacios políticos.