A solo 20 días para la celebración de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia ¿cuáles son, a la vista de los sondeos, las certezas e incertidumbres en torno a su resultado? El balance apunta, como intentaremos analizar, a cambios sustanciales en el futuro marco de juego de la política francesa.

¿Quién quedará en primer lugar?

La mayor incertidumbre en el momento actual se sitúa en torno a quien gozará de la condición de candidato más votado el 23 de abril. La evolución de los sondeos a lo largo del mes de febrero y en especial desde el debate televisivo del día 20 de marzo, es que Le Pen y Macron se mueven en un margen de dos puntos porcentuales, entre el 27% y el 25% de los votos para cada uno de ellos. Pero mientras Le Pen tiene –véase gráfico adjunto– un voto estable y apenas elástico en el que suelo y techo prácticamente coinciden, el voto a Macron ha ido de menos a más, aunque su crecimiento se ha estancado y le cuesta superar el techo del 26%.

Esa elasticidad asimétrica de ambos candidatos es aún más notoria en el caso de las previsiones sobre una segunda vuelta que les enfrente directamente para la presidencia del país: mientras Macron puede alcanzar hasta el 60% de los votos, Le Pen apenas lograría el 40%, es decir, se situaría solo algo más de 10 puntos por encima de su resultado en la primera vuelta.

La incertidumbre en la elección del día 23 presenta, pues, un sesgo simbólico pero muy relevante porque dilucidará si la condición de candidato más votado se asocia a un actor político del “sistema” (Macron) o, por primera vez en la historia electoral de Francia, a otro (Le Pen) situado en los márgenes y en buena medida en contra del sistema.

Cuál será el nuevo ranking

Más allá de la incertidumbre sobre cuál de los cinco candidatos será el que mayor número de votos obtenga el 23 de abril, la primera vuelta de las presidenciales dirime el estatus de las fuerzas políticas en presencia, su posición en el ranking y, en cierta medida, el territorio o campo de juego político en Francia. Los datos existentes al día de hoy permiten pronosticar sin demasiado riesgo un conjunto de transformaciones relevantes.

Si, como todo parece indicar, Macron y Le Pen se sitúan en los dos primeros lugares será la primera vez que en Francia ninguna de las dos fuerzas básicas del sistema político (republicanos de centro derecha y socialistas) disputen la segunda vuelta. En 2002, Le Pen padre y su Frente Nacional desplazaron por poco a Jospin, candidato socialista entonces, a la tercera posición, pero nunca hasta ahora socialistas y republicanos, a la vez, quedaron marginados de la batalla definitiva. Nos hallamos ante una previsible situación inédita que se aproxima a un cambio de paradigma en la distribución del poder.

También por vez primera, de cumplirse las previsiones, la derecha francesa se vería desplazada a la tercera posición del ranking político a favor del centro que representa y lidera Macron. Parece difícil, en los 20 días que restan hasta el 23 de abril, que Fillon pueda remontar la diferencia ya muy considerable (en torno a los siete puntos porcentuales) que le separa de Macron. Más bien al contrario, el voto estratégico encaminado a evitar el triunfo simbólico de Le Pen, lo que suele llamarse el factor “alergia” hacia el Frente Nacional, puede inclinar hacia Macron a muchos electores del centro derecha.

Asimismo, por primera vez, Benoit Hamon, el candidato socialista, podría verse desplazado al quinto lugar del ranking por detrás, incluso, del candidato más a su izquierda, Melenchon. Quedaría cercano a un reducido 10% de los votos desde el 28,6% que obtuvo Hollande en la primera vuelta anterior.

Con una incertidumbre fundamental en torno al ganador simbólico, las certezas que ofrecen los sondeos sobre la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas sitúan, con una alta probabilidad, sus resultados en el umbral de un cambio de ciclo y, en cierto modo, también de cultura política.