Entre 1996 y 2011, la proporción de españoles que ha votado al PP solo ha variado entre el 28.2% (en 2004) y el 30.4%( en 2000 y 2011), una oscilación mínima de sólo 2.2 puntos que refleja un partido caracterizado por su estabilidad electoral con rendimiento variable en función de la abstención total

La rentabilidad (en términos de escaños) de ese sensiblemente parigual (igual o muy semejante) apoyo electoral ha sido fuertemente dependiente del nivel global de participación registrado en cada ocasión: cuando se ha superado ampliamente el nivel medio de participación (es decir, el 74.2% del censo CER) el PP no ha logrado ser la fuerza más votada (con la excepción de 1996, en que quedó prácticamente empatado con el PSOE); cuando la participación quedó claramente por debajo del 74.2% pudo hacerse con mayorías absolutas en el Congreso (casos de 2000 y 2011).

En diciembre de 2015,  con una participación relativamente baja (73.2%), y pese al ascenso a la primera división electoral de dos nuevas formaciones, el PP consiguió volver a ser la formación más votada, con un 20.8% del voto sobre censo. En el momento actual, y de cara a las elecciones de junio, los datos de Metroscopia indican que este partido estaría en condiciones de retomar, reajustada al nuevo escenario político, su pauta de estabilidad electoral: volvería a lograr, como el 20D, entre el 20% y el 21% del voto sobre censo, lo cual unido a la baja participación (en torno al 70%) que,  en estos momentos, cabe estimar le proporcionaría un resultado final muy similar — y quizá ligeramente al alza en escaños— al logrado el 20D. Los problemas de corrupción que le han venido lastrando parecerían así ir a dejar ya de pasarle facturas adicionales. El PP no es solamente el partido con una tasa de fidelidad de voto más elevada (82%) sino también el que presenta una mayor proporción de potenciales votantes que se declaran absolutamente seguros de acudir el 26J a las urnas: el 78% (frente al 76% de Podemos, el 68% del PSOE y el 68% de Ciudadanos).

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Con todo, los datos disponibles desvelan algunas pautas susceptibles de acabar proyectando alguna sombra de duda sobre sobre estas perspectivas que, por el momento, cabe estimar como más probables.

  • Por un lado, junto a este sólido y elevado suelo electoral, el PP sigue presentando un techo teórico de votos muy bajo. El 50% de los españoles dicen que, en ningún caso darían su voto al PP (un 47% dice los mismo respecto de Podemos; pero solo el 16% lo afirma en relación con el PSOE y el 12% respecto de Ciudadanos).
  • El PP es ahora el partido con una mayor fidelidad de voto declarada: el 82% de los que le votaron el 20D dice que le volverá a votar el 26J; y esa proporción de votantes representan, al mismo tiempo, el 78% de los electores que ahora manifiestan su intención de votar en junio al PP. Es decir, los que se disponen a votarle son, en esencia, los mismos que ya le votaron: la capacidad del PP de atraer nuevos votantes (para sumarlos a los que ya consiguiera) resulta ser muy baja. En claro contraste con Ciudadanos, que tiene una mayor capacidad aparente de atraer nuevos votantes, aunque sin la certeza total de lograr captarlos al final en las urnas.
  • La mitad (52%) de los que se definen como futuros votantes del PP señalan que, de no votar finalmente a este partido, su opción sería dar su apoyo a Ciudadanos: no cabe interpretar este dato como síntoma de un riesgo de fuga masiva de votantes populares hacia C’s, pero sí como indicación del atractivo que entre los mismos suscita esta formación. De hecho, los datos indican que, en estos momentos, el muy moderado intercambio de votantes entre PP y Ciudadanos que sigue produciéndose es claramente más beneficioso en términos netos (y en proporción de dos a uno) a esta segunda formación. La vía de agua no ha sido aún sellada del todo.
  • Los votantes del PP ven a su partido más escorado a la derecha (7.1 en la escala 0 a 10) de como ellos mismos se ven (6.5).
  • Los que, de cara al 26J, se declaran votantes del PP evalúan de forma muy favorable la gestión de Mariano Rajoy: el 83% la aprueba y el 16% la desaprueba, lo que supone un llamativo saldo evaluativo de + 67 puntos. Ahora bien, al mismo tiempo, casi la mitad de esos futuros votantes populares (el 42%) desearía que en las próximas elecciones el candidato del PP fuera una persona distinta. De algún modo estos datos sugieren un agradecimiento masivo por los servicios prestados, y, a la vez, un sustancial deseo de renovación en el liderazgo del partido.
  • Dos de cada tres votantes del PP (68%) siguen prefiriendo un sistema político de corte bipartidista y solo un 29% cree preferible el actual multipartidismo: entre el conjunto de la población española (y en los otros tres principales electorados) estos porcentajes son justamente inversos. Esta añoranza por un tiempo político por ahora ido que expresa una clara mayoría del electorado popular, puede constituir, en el futuro inmediato, un factor de rigidez susceptible de condicionar la mejor y más eficaz adecuación y actuación del partido en el nuevo escenario político nacional. Esto parece requerir un importante esfuerzo de pedagogía política que, por ahora, nadie entre los dirigentes del PP parecen querer asumir.
  • Una nota final, y no precisamente menor, es que el PP tiene, hoy por hoy, una baja implantación entre el electorado más joven (solo dice tener intención de votarle el 13% de los menores de 35 años). En cambio es dos veces y media superior la proporción que dice hacerlo entre los mayores de 65 (33%).