El PSOE ha demostrado, históricamente, ser un partido muy elástico en cuanto a los apoyos que ha recibido en las 12 elecciones celebradas hasta la fecha desde la restauración de la Democracia. Su máximo —sobre el total de votantes residentes en España— lo logró en las míticas elecciones de 1982 (37.7%) y su mínimo en los comicios de hace cuatro meses (16%). Un intervalo de 21.7 puntos frente a los tan solo 2.2 puntos que ha separado el mejor del peor resultado histórico del PP.

En general, el PSOE ha obtenido peores resultados —en número de votos y escaños— cuando, en contextos bipartidistas donde la competición electoral se limitaba a dos partidos (PSOE y PP), la participación electoral se ha situado por debajo de la media (74.2% del censo CER). Así fue en las elecciones de 1989 en las que los socialistas lograron un 27.5%, en las del año 2000 con un 23.7% y en las de 2011 con un 20.3% —en estas dos últimas, el PP logró mayoría absoluta—. Pero los socialistas también obtienen peores resultados en contextos multipartidistas, de mayor competición electoral, tal y como ocurrió en las dos primeras elecciones de la Democracia y en la última del pasado diciembre: obtuvo un 22.8% en 1977, un 20.4% en 1979 y un 16% en 2015.

Una mala noticia para el PSOE es que, según los datos de Metroscopia, las elecciones del próximo 26 de junio se van a celebrar en el peor contexto para los socialistas: con una participación estimada menor que la del 20D —y, por tanto, por debajo de la media— y en un escenario competitivo con cuatro partidos (o cinco, dependiendo de si Podemos e IU van juntos o separados) con capacidad de formar coaliciones de Gobierno.

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En todo caso, hoy por hoy, cuando todavía se desconoce si Podemos e IU van a llegar a algún tipo de acuerdo para concurrir juntos a estas próximas elecciones, el PSOE sería, de nuevo, el segundo partido más votado en unos nuevos comicios:

  • Mantiene una alta fidelidad de voto —un 72 % de quienes votaron al PSOE hace cuatro meses lo volvería a hacer ahora— y aunque no tiene completamente selladas sus fugas de votantes hacia otras formaciones políticas, estas se han reducido en comparación con las que sufrió en diciembre: un 7 % votaría ahora a Ciudadanos, un 4 % a Podemos, un 2 % a UP y un 2 % al PP.
  • Los socialistas logran, además, atraer a un 8 % de votantes de Unidad Popular, a un 7 % de Podemos a un 2 % de Ciudadanos y a un 1 % del PP.
  • Y no provoca un fuerte rechazo: solo un 16 % del conjunto del electorado dice que en ningún caso votaría a los socialistas (frente al 55 % que dice lo mismo del PP y el 46 % de Podemos).

Los potenciales votantes del PSOE —quienes ahora manifiestan su intención de votar a los socialistas—:

  • Están menos movilizados que los del PP: un 68 % dice que con total seguridad acudirá a las urnas (10 puntos menos que los populares).
  • Son, junto a los del PP, el electorado de mayor edad media: 52 años (55 en el caso de los del PP). Socialistas y populares son los dos partidos que menos estudiantes tienen entre sus potenciales votantes: apenas un 6 %.
  • Un 55 % son mujeres frente a un 45 % de hombres. Las mujeres —como ya lo fueron en las elecciones de 2015— vuelven a ser, así, el gran activo del PSOE. En el resto de partidos estos porcentajes están mucho más igualados (48/52 en el PP, 49/51 en UP y 50/50 en Ciudadanos) o se invierten como en el caso de Podemos: 56 % son hombres frente a un 44 % de mujeres.
  • Aprueban mayoritariamente a su líder, Pedro Sánchez —80 % frente a un 18 % que le desaprueba: un saldo de +62 puntos— y piensan que debe repetir como candidato (78 %). La mayoría también aprueba la labor política desarrollada por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (69 %) y la del de UP, Alberto Garzón (61 %). Sin embargo, Sánchez no se ve correspondido y obtiene una desaprobación mayoritaria tanto entre el electorado de Ciudadanos (le desaprueba un 68 %) como entre el de UP (66 %).
  • Son quienes más cercanos sitúan ideológicamente a su partido: se autoposicionan en el 4.1 —en una escala 0-10 donde el 0 corresponde a la extrema izquierda y el 10 a la extrema derecha— y ubican al partido, en esa misma escala, en el 4.2.