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Para hablar de jóvenes lo mejor es no hablar de juventud. Si algo puede decirse de la gente joven es que no es un colectivo homogéneo ni uniforme, sino heterogéneo y plural. Eso de la juventud española es una simplificación que como etiqueta puede tener su sentido, pero que no hace justicia a la complejidad de la realidad juvenil. El sociólogo Pierre Bourdieu habló en alguna ocasión de “manipulación evidente”, refiriéndose a quienes entienden la juventud como un grupo unitario, de intereses comunes y edad fija. La metáfora del caleidoscopio, planteada por la antropóloga Teresa del Valle, es quizá más útil para acercarnos a la gente joven: un universo diverso y cambiante, a poco que se gire el punto de mira.

Sin embargo, en esa diversidad se detectan corrientes con más peso que otras. Es lo que ocurre, hoy por hoy, con las actitudes e inclinaciones políticas de la gente joven que, además, difieren bastante del conjunto de la ciudadanía española, según datos acumulados del mes de junio del “Pulso de Electoral” de Metroscopia. La población joven es más de izquierdas, y la que más defiende el multipartidismo frente al bipartidismo; Unidos Podemos es su principal referencia política; Pablo Iglesias, el líder que mejor evalúa; y PSOE-Unidos Podemos, su coalición de gobierno preferida.

Muchos jóvenes votarán al PP el próximo 26J (se estima que en torno al 17%) y otros tantos lo harán por Ciudadanos (17%, menos de lo que lo suelen manifestar en período no electoral). Algo menos al PSOE (13%). Pero si tienen un partido de referencia, ese es Unidos Podemos: este podría alcanzar casi el 44% de los votos entre la población joven (Metroscopia considera jóvenes a quienes tienen entre 18 y 34 años y derecho a votar en elecciones generales). Así, la formación liderada por Pablo Iglesias triplicaría en votos en este segmento de edad a la de Pedro Sánchez y más que duplicaría a la de Mariano Rajoy y Albert Rivera. No es de extrañar, pues, que la coalición de gobierno favorita sea la de PSOE y Unidos Podemos (que vería bien el 61%) y una de PP y Ciudadanos solo recabe la mitad de respaldo (34%).

Pero tampoco es una sorpresa que la población joven evalúe de forma diferente a los principales dirigentes políticos en comparación con la media española. Coinciden en que Rajoy es el líder que menos aprobación merece, pero el suspenso que obtiene es más amplio entre jóvenes (el 81% le desaprueba) que entre el conjunto de la población (el 72%). Algo parecido le sucede a Rivera: entre el total del electorado es el único político que obtiene más aprobados que suspensos por su actuación política (el 50% le aprueba  y el 48% le desaprueba), pero la gente joven es más crítica (45% frente a 54%). Sánchez no registra diferencias, ya que la desaprobación es casi idéntica entre unos y otros (67% entre jóvenes y 66% entre el total). En cambio, solo Iglesias tiene una imagen menos negativa entre jóvenes que entre el conjunto del electorado (los suspensos juveniles alcanzan el 54% y la media española es del 63%).

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Cabe destacar también que la gente joven de derechas son el grupo minoritario: representan el 19% quienes se ubican entre los puntos 6 y 10 de una escala ideológica de once puntos, en la que 0 es extrema izquierda y 10 extrema derecha. El grupo más amplio (50%) se define de izquierdas (puntos del 0 al 4) y el segundo más numeroso (26%) se sitúa en el centro ideológico (punto 5) —un 5% no sabría o no querría ubicarse en una escala ideológica—. De ahí que la media del electorado joven esté levemente desplazada a la izquierda (4.3) en comparación con el conjunto de España (4.7).

Cuando hoy hablamos de jóvenes nos referimos a personas que nacieron como muy tarde a principios de los 80 y como muy pronto a finales de los 90 y que, en su mayoría constituye una población de corte social y laboralmente activo: el 47% estudia, el 35% trabaja y el 17% está en paro —aunque probablemente la mayoría en busca de empleo—. Y es entre la gente joven donde se observa una “pulsión de cambio” más potente: el 80% no quiere bipartidismo sino multipartidismo y casi dos de cada tres (61%) acabará votando a uno de los dos partidos nuevos. Pero al mismo tiempo son —siempre lo han sido— quienes menos dispuestos están a acudir a las urnas: solo el 63% dice que irá a votar con toda seguridad (diez puntos menos que la media española). Un grado de movilización que es, además, desigual por partidos: en Unidos Podemos es del 70%, mientras que en PP, PSOE y C’s está por debajo del 60%.

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