¿Qué prefieren primero la buena o la mala noticia? En una época en que las buenas escasean, quizá sea conveniente empezar por ellas. Ahí va: el euro no corre riesgo de desaparecer. O eso, al menos, es lo que piensa la amplia mayoría de los españoles (69%). Y no solo eso: dos de cada tres ciudadanos—68%— respalda la permanencia de España dentro de la eurozona. En otras palabras, “solo” un 27% desea que la peseta vuelva a ser nuestra moneda nacional —el mismo porcentaje, por cierto, que lo pensaba hace tres meses—. Unos datos positivos teniendo en cuenta que se han recogido después de conocerse que Grecia celebrará unas nuevas elecciones generales ante la imposibilidad de formar un Gobierno estable tras los resultados de las celebradas el pasado 6 de mayo, y después de que la prima de riesgo española marcara un récord histórico al superar los 500 puntos básicos el pasado miércoles. Un matiz que ensombrece en alguna medida las buenas noticias es el hecho de que el apoyo a la permanencia en el euro está más extendido, a pesar de todo, entre los griegos que entre los españoles: según una encuesta reciente llevada a cabo en el país heleno, un 78% de sus ciudadanos no quiere volver a su anterior moneda, 10 puntos más que aquí.

Ahora la mala noticia. La idea de que España va a necesitar de manera más o menos inmediata el apoyo del Fondo de Rescate Europeo, como ya le ocurrió a Irlanda, a Grecia y a Portugal, está más extendida que nunca entre los ciudadanos. Ya lo piensa un 62% de los españoles, 11 puntos más que en diciembre de 2010—es decir, apenas un mes después de que Irlanda pidiera ser rescatada— y 22 puntos más que en julio de 2011 —tres meses después de la petición de rescate de Portugal—. Una premonición que es compartida además por la mayoría de votantes tanto del PP (55%) como del PSOE (67%).

Los culpables de que se haya llegado hasta este punto son, para los ciudadanos, los mismos que ya señalaban el pasado mes de noviembre: en primer lugar, los bancos españoles; en segundo lugar, los mercados internacionales; en tercer lugar, el Gobierno español; y en cuarto lugar, la Unión Europea. Con un matiz importante: la intensidad con que culpan al actual Ejecutivo de Rajoy es inferior a la que le atribuían hace seis meses al Gobierno de Zapatero. Parece así que el mantra de la “herencia recibida” ha calado en parte de la sociedad. Por lo menos, de momento.

El País