Desde que el PP ganara las últimas elecciones generales el pasado 20 de noviembre el Gobierno -con Mariano Rajoy a la cabeza- ha venido sufriendo en las encuestas un lento pero continuo desgaste en imagen y en estimación de voto. Suele darse por seguro que, en el caso de España, un partido que supere la barrera del 30% de los votos en unas elecciones generales y al tiempo consiga una distancia de 10 puntos sobre su inmediato perseguidor tiene asegurada la mayoría absoluta. El último Barómetro de Clima Social de Metroscopia -correspondiente al mes de julio- arrojaba una estimación de voto para el PP de 37.0% para el hipotético caso de unas inmediatas elecciones generales y de 23.1% para el PSOE. Las citadas dos premisas se cumplían holgadamente y sugerían que pese a la crisis y al desgaste inevitable que conlleva para quien gobierna, la situación electoral del PP seguía siendo -en teoría- confortable. Ahora bien, tras la publicación de esos datos han transcurrido dos semanas: probablemente las dos peores semanas que le ha tocado vivir al Gobierno del PP desde que su constitución.

El pasado jueves el Congreso de los Diputados aprobó -con los únicos votos a favor de los diputados populares- el paquete de medidas y recortes propuesto por el Gobierno para hacer frente a la crisis económica. Unas medidas que, según los datos de Metroscopia, merecen la desaprobación del 62% del conjunto de los españoles (y de un 30% de los propios votantes del PP), y de las que la mitad de los ciudadanos piensa que no van a servir para que mejore la situación de la economía española a dos años vista. Los datos de este sondeo -con una muestra algo inferior a la utilizada en el Barómetro- parecen indicar que al menos una de las premisas de la precitada no escrita ley electoral ha pasado, en tan breve lapso de tiempo, a no cumplirse: en el momento actual el PP seguiría por encima del 30% del voto -si bien ahora por un margen muy estrecho- pero el PSOE habría pasado a quedar a una distancia inferior a los 10 puntos -y ello a pesar de seguir muy alejado de su resultado del 20N-. Lo que queda por determinar -y es cuestión de tiempo- es si este estrechamiento de las distancias constituye un episodio puramente coyuntural, estrechamente vinculado a los acontecimientos de esta pasada semana, y al enfado ciudadano con las medidas aprobadas por el Ejecutivo o si, por el contrario, constituye un punto de inflexión en el apoyo que han venido logrando mantener los populares desde las elecciones últimas. En todo caso, el hecho de que la abrumadora mayoría de los ciudadanos -y también de los votantes del PP- piense que, por un lado, los funcionarios tienen razón en las cosas por las que protestan en las manifestaciones que vienen realizando diariamente desde que Rajoy anunció las medidas, y, por otro lado, que crea que esas protestas se van a extender a otros colectivos sociales, no parece augurar nada bueno para el actual Gobierno.

José Pablo Ferrándiz es sociólogo y vicepresidente de Metroscopia En twitter @JPFerrandiz

El País