Los sondeos llevados a cabo durante la campaña de la primera vuelta en las elecciones presidenciales francesas acertaron. Porque acertar es, según el diccionario de la Real Academia, en su cuarta acepción, “dar con lo justo en lo dudoso, ignorado u oculto”. Y los sondeos dieron con lo justo en el resultado final, tanto en lo relativo a los dos candidatos que pasaban a la segunda vuelta como a su ordenación (Macron en primer lugar y Le Pen detrás) e, incluso, dieron con lo justo en la envergadura de la diferencia entre ambos, en torno a los dos puntos porcentuales. Pero también dieron con lo justo detectando con precisión los cambios y continuidades que se iban produciendo en las intenciones de voto de las candidaturas a lo largo del proceso:

  • En la tendencia favorable a Macron y desfavorable a Le Pen que va dibujando la evolución de la campaña (ver gráfico).

  • En el cambio, muy al principio, del republicano Fillon cuando abandona su segunda posición pero, también, en su mantenimiento luego, ya tercero, entre el 18% y el 20%, su techo insuperable.
  • En el progresivo trasvase de votos entre Benoît Hamon y el socialismo declinante hacia Mélenchon, candidato de la Francia Insumisa, que logra a lo largo de la campaña casi duplicar sus votos desde el inicial 10% al cercano al 20% final (ver gráfico de la evolución conjunta de los dos candidatos de izquierda).

Estos tres aciertos, todos ellos relevantes, expresan a la perfección, los efectos decisivos de la corta e intensa campaña.

Macron, Le Pen y la participación

A finales de marzo la intención de voto a Macron supera en un ligero 0,5% y de forma transitoria, a Le Pen. La reducida ventaja posterior de Le Pen vuelve a romperse -y ya irreversiblemente- el 18 de abril: en ese momento, a una semana de la votación, Macron con el 23,5% supera en un punto porcentual a Le Pen ( 22,5%). El cambio de tendencia va coincidiendo y la diferencia ensanchándose a medida que en los sondeos se incrementa la previsión en torno a la participación desde el 67% el 10 de abril al 73% el 21 de abril


La conclusión es sencilla: Le Pen ha ido disminuyendo el porcentaje de sus apoyos (no su número en votos) a medida que la tasa previsible de participación aumentaba. El voto a Macron, por su parte, que registraba siempre una alta volatilidad frente al de Le Pen, ha ido ganando consistencia en el tramo final. La campaña ha sido, pues, decisiva para el despegue de Macron y los sondeos han ido captando con precisión el lento y paulatino cambio de tendencia.

Mélenchon y Hamon: emergencia y declive

A principios de febrero Hamon, vencedor reciente entonces en las primarias de los socialistas franceses, doblaba en intención de voto a Mélenchon que se presentaba encabezando el movimiento de la Francia Insumisa. El 23 de abril, menos de tres meses después, Mélenchon (19,6%) ha triplicado con creces en las urnas el voto a Hamon (6,4% ). Los sucesivos sondeos han ido señalando con parecida precisión la envergadura de la transferencia de votos entre las candidaturas de Hamon y Mélenchon, el abrupto declive del primero y la irrefrenable ascensión del segundo. Hasta el 20 de marzo Hamon se mantuvo delante. Desde entonces, sondeo a sondeo, Melenchon pasa del 11,5% al 18,5% en el último y Hamon, en sentido contrario, del 12,5% al 7%.

La campaña ha tenido un impacto decisivo en la correlación interna entre el candidato socialista y el situado a su izquierda justo al revés de lo sucedido cinco años atrás: entonces fue Hollande, a la postre el ganador, el que se benefició de la transferencia del voto. Mélenchon perdió siete puntos porcentuales a lo largo del proceso, desde el 18% al 11% final. Benoît Hamon, tal y como los sondeos han ido captando, queda situado como quinta candidatura en el ranking político francés. Y, lo que es aún más significativo: su resultado le aleja hasta situarle fuera del campo de la competición a más de 13 puntos de Mélenchon, su rival en la izquierda, y a más de 17 de Macron.