Si las elecciones generales tuviesen lugar ahora, el resultado que parece más probable sería un doble empate: PSOE y PP igualados en cabeza y, a alguna distancia, Podemos y Ciudadanos, el primero bajando, el segundo subiendo. IU —que por ahora resiste— completaría el quinteto de partidos de ámbito estatal.

En conjunto, PSOE y PP —cuyos apoyos tienden a fluctuar levemente, lo que les hace alternarse últimamente en la cabecera de la tabla— seguirían agavillando conjuntamente casi el 50% de todos los votos, cifra alejada del 73,3% que totalizaron en 2011, pero que supera ampliamente al voto conjunto de los dos partidos emergentes (34,1%, ahora). Estos datos parecerían encaminar a nuestro sistema político hacia una versión, corregida al alza, del “bipartidismo imperfecto” de los años primeros de la actual democracia; o, si se prefiere, hacia un cuatripartidismo en dos peldaños.

En el momento actual, solo PSOE y Ciudadanos estarían experimentando un leve aumento de su atractivo electoral. El PP permanecería estable (los datos de la última EPA no eran conocidos al hacerse el sondeo y no pudieron tener influencia alguna sobre las respuestas). En cuanto a Podemos, habría registrado una bajada sustancial (3,4 puntos menos). Quizá merezca la pena anotar que los no premiados en esta estimación sean, precisamente, los dos partidos que siguen siendo, con diferencia, los que más amplio rechazo generan entre la ciudadanía (52% PP, 37% Podemos), pese a ser los que cuentan con un núcleo duro de votantes más fiel.

PSOE y Ciudadanos —ambos con tendencia al alza— son los que menos animadversión generan (13% y 7%, respectivamente) y los que cuentan con un abanico de simpatizantes más amplio (aunque son también los que tienen un electorado más volátil). La ciudadanía les reconoce (como dejaron claro los datos de Metroscopia publicados el domingo pasado) una voluntad más clara de efectuar reformas, una mayor capacidad de negociación y entendimiento con otras formaciones y, sobre todo, una orientación ideológica más moderada y más cercana a la que caracteriza, en el momento actual, al español medio. Son, en clara mayor medida, percibidas como formaciones apaciguadoras y pactistas: les falta rentabilizarlo, proporcionalmente, en votos. El tiempo lo dirá, pues este sondeo estival refleja únicamente el actual, peculiar y quizá transitorio, estado de ánimo predominante en nuestra sociedad, y en modo alguno prefigura los alineamientos electorales en las generales, ni mucho menos su potencial traducción en escaños.

El País