A los seis meses de su elección, el Papa Francisco presenta niveles de popularidad —y no solo en España—  superiores incluso a los que pudo alcanzar, según los datos existentes, Juan Pablo II en su momento de mayor apogeo mediático. En Francia, el 82% de la población considera acertada su elección, y el 79% de los católicos esperan de él grandes reformas; en Estados Unidos merece la aprobación del 79% de los católicos; en Italia, inspira confianza a un 83% de la población (y al 95% de quienes se definen como católicos). Incluso en Rusia, sus primeros seis meses le granjean un 71% de apoyo ciudadano. Y según Twiplomacy (que mide el impacto a escala mundial en twitter de 505 cuentas de líderes y figuras públicas de los 193 países de la ONU), a finales del pasado mes de julio el Papa Francisco se convirtió, por encima del propio presidente Obama, en el líder mundial más influyente en la galaxia procelosa de los tuits.

En España, Francisco también arrasa. Aparece en cabeza del ranking de líderes mundiales, con una llamativa puntuación media de 7.0 (que alcanza un espectacular 8.6 entre quienes se definen como católicos practicantes). Las puntuaciones logradas en nuestra sociedad por sus antecesores fluctuaron entre 3.9 y 4.5 en el caso de Benedicto XVI, y entre 5.9 y 6.9 en el caso de Juan Pablo II. Por otro lado los gestos y palabras recientes del Papa consiguen el apoyo masivo de los españoles y, significativamente, de los que se definen como católicos practicantes. El 80% coincide con él en que la Iglesia ya ha dejado suficientemente clara su doctrina sobre el aborto, el matrimonio homosexual o los anticonceptivos y que no hace falta hablar sin cesar de estas cuestiones. Y en ello se muestra de acuerdo incluso el 73% de los católicos practicantes, que con toda probabilidad echa de menos que hasta ahora sus prelados no parezcan haber prestado una atención equivalente (sobre todo en estos tiempos de crisis), y como propone ahora el Papa, a temas de igual —o superior— relevancia evangélica, como la pobreza, la atención a los desvalidos o la condena del enriquecimiento abusivo. Asimismo, los españoles en general, y específicamente los católicos practicantes, se muestran ampliamente favorables al sacerdocio femenino y a la no obligatoriedad del celibato sacerdotal, cuestiones que Francisco no ha hecho, por ahora, mas que rozar pero sobre los que un cualificado portavoz suyo ha recordado que no constituyen en todo caso materia dogmática.

Ciertamente, los católicos suelen apoyar, por principio, al Papa y en ese sentido la buena acogida inicial que dispensan a Francisco no debe sorprender. Pero sí llama la atención que su fulgurante despegue, aquí y en todas partes, guarde relación más con cuestiones de estilo que de fondo. Porque el nuevo Papa no ha anunciado revolución dogmática alguna: simplemente ha dejado claro que, tal y como él la entiende, la Iglesia no debe tanto regañar como acoger, entender y respetar en vez de condenar: “¿Quien soy yo…?”: palabras inéditas en un pontífice romano que marcan un nuevo y personal —sencillo, respetuoso, directo, natural— de manifestarse. Algo a lo que no pueden dejar de ser sensibles cuantos, dentro y fuera de la Iglesia (y son, según parece, muchos), llevan ya decenios lamentando su alejamiento de los signos de los tiempos que hace medio siglo, en el último Concilio, se autoencomendara atender.

Evaluación figuras internacionales

Papa Francisco I

Mujeres sacerdotes

Sacerdotes y matrimonio

Fuente: Sondeo de Metroscopia para El País mediante entrevistas telefónicas a una muestra  de 600 personas representativa de la población nacional mayor de 18 años. Margen de error para datos globales: + 4.1 puntos. Trabajo de campo: 26 y 27 de septiembre de 2013. La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a NS/NC.

El País