La Comunidad de Madrid no es un lugar cualquiera. Los principales partidos saben que la batalla más importante de la política nacional siempre se juega en esta región. No sólo el tamaño de su población es relevante, sino que muchos de los medios de comunicación nacionales tienen bastante de “madrileños”. Por todo ello, cuanto ocurre en esta región se acaba magnificando y tiene eco en el resto del territorio.

En las pasadas elecciones europeas, el Partido Socialista no alcanzó el 19% de los votos en la Comunidad de Madrid, situándose más cerca de Podemos que del Partido Popular. Además, sus resultados nacionales fueron más de cuatro puntos superiores a los madrileños. Una diferencia tan grande entre el voto socialista en el conjunto de España y en la Comunidad de Madrid sólo se había producido antes a finales de los 80 y principios de los 90, cuando esta región era el campo de batalla entre renovadores y guerristas (y excepcionalmente en las generales de 2008, seguramente porque la estrategia de la crispación del PP se centró principalmente en Madrid).

Tras el pasado verano, la situación del PSM lejos de mejorar, se deterioró muy rápidamente. Los datos de Metroscopia muestran que los apoyos autonómicos del PSOE madrileño se estancaron, pasando a ocupar la tercera posición en noviembre, a mucha distancia de PP y Podemos. En cambio, al mismo tiempo, los datos del clima social de Metroscopia que viene publicando este periódico mostraban que el PSOE federal sí que había conseguido recuperar una parte de sus apoyos hasta finales de 2014 y que su caída a la tercera posición no se ha producido hasta principios de febrero. Es decir, la organización federal y la madrileña venían siguiendo trayectorias muy distintas.

La decisión de disolver el Partido Socialista de Madrid sólo se puede entender bajo estas circunstancias. Como mostró la encuesta flash del pasado 11 de febrero, la mayoría de los madrileños se pronunció a favor de la destitución de Tomás Gómez. Esto se tradujo en un incremento de la intención directa de voto al PSM: subió de forma significativa, empatando con el PP y superando a Podemos. Y si de la intención de voto se pasa a la estimación de resultado probable que, a partir de la misma, cabe elaborar, se observa que el PSOE madrileño pasó a recuperar la segunda posición, mejorando en 4 puntos la anterior estimación.

No obstante, el actual sondeo de Metroscopia parece dar por amortizado el incremento que experimentó el PSM tras su disolución. Los madrileños siguen pensando que la destitución de Tomás Gómez fue acertada. Pero el Partido Socialista de Madrid volvería ahora a la tercera posición y se acercaría a una formación emergente como Ciudadanos. Su fidelidad de voto caería por debajo del 30%, siendo la más baja de todos los partidos con aspiraciones parlamentarias. No obstante, conserva un 27% de votantes indecisos, la cifra más alta de todas las formaciones madrileñas. A su favor, para recuperarlos, tiene al candidato mejor valorado, quien además obtiene evaluaciones muy positivas entre los potenciales votantes dePodemos, muchos de los cuales son exvotantes socialistas. En cambio, sus debilidades estarían en el voto masculino (donde se sitúa como cuarta fuerza política), en el de los ciudadanos de 35 a 54 años (entre ellos solo obtiene un 6% de intención directa de voto), en el de las personas que trabajan (cuarta fuerza, con un 6% de intención de voto) y en los espacios ideológicos de centro y de izquierda (en el primero es el tercer partido con un 9% de intención directa de voto y en el segundo se queda en el 17%).

Seguramente, a este nuevo escenario electoral ha contribuido todo el ruido interno que se ha generado dentro de la federación madrileña en la última semana. Los ciudadanos han percibido que todo el debate tenía muy poco de ideológico y mucho de lucha por el poder. Y el riesgo que corre ahora el PSOE es que este ruido vaya más allá de Madrid.

El País