2Más de la mitad de la ciudadanía española (54%) entiende que sí, que la Norma “necesita reformas profundas porque ha quedado desfasada respecto a la realidad actual” (Metroscopia, 2013). La tendencia es creciente (29% en 2008, el 37% en 2010 y el 54% en 2013) pero estos hipotéticos cambios constitucionales de calado –a falta de un dato más reciente– no gozarían todavía del respaldo de la amplia mayoría de la población. Al 40% le valdría con algunos retoques puntuales y solo en Cataluña y País Vasco la imagen de desfase está visiblemente extendida (75%).

La sensación general es que la Ley Fundamental no puede seguir tal y como está, manteniendo inalterada su mirada en un sentido cuando la realidad va por otro.

Pero sobre el qué, tampoco hay consenso entre la población. La definición de la estructura del Estado en términos de articulación territorial sería uno de los temas fundamentales si se abre el melón. Y aquí la dirección del impulso transformador tiene un componente ideológico claro. Las personas que se declaran de derechas, haciendo valer la etiqueta de conservadores, optarían por reformar poco o nada y, en todo caso, preferirían recentralizar competencias. Las de izquierda, querrían reformar mucho o bastante y consolidar un modelo más descentralizado. Pero esta no dejaría de ser la prolongada encrucijada del punto cero. Lo que debería florecer cuanto antes es la virtud política para encontrar un gran acuerdo. De lo contrario, el desfase y malestar podría seguir en aumento.