Los datos del sondeo de Metroscopia son contundentes: por primera vez en la actual democracia el PSOE podría perder, y de forma clara, la primacía en Andalucía, su feudo electoral más emblemático, en favor del PP. Esto es algo que no parece inquietar de forma especial a los andaluces, ni siquiera a quienes votan tradicionalmente al PSOE. Según datos recientes, asimismo de Metroscopia, la clara mayoría absoluta de los votantes socialistas andaluces no siente mayor inquietud ante este anticipado triunfo de los populares: seis de cada diez contemplan esta eventualidad con indiferencia o, incluso ¡con esperanza! En cambio, solo les preocupa a cuatro de cada diez.

Con todo, en las dos semanas que quedan hasta la cita con las urnas ¿puede cambiar significativamente este panorama? Puede, pero resulta improbable. Los propios votantes socialistas andaluces dan ya por perdido, y de forma rotunda, el partido. Su actual estado de ánimo no parece el más propicio para pensar que pueda de pronto originarse una remontada de última hora que aunque no bastase para cambiar el signo del resultado sí  lograra al menos matizar sustancialmente su magnitud. La hipotética remontada requeriría una sustancial movilización de un electorado que lleva meses anclado en el desentendimiento respecto del ya inminente proceso electoral: en el momento actual la fidelidad declarada de voto de los socialistas andaluces sigue fija en un 44%, al tiempo que un 25% sigue diciendo que no sabe lo que va a hacer —respuesta que a estas alturas cabe entender más bien como una forma elusiva de decir que lo más probable es que no se acuda a votar—. Requeriría también que ese 20% de votantes socialistas que se declaran ahora dispuestos a dar su voto al PP (15%) o a IULV/CA (5%) retornen al redil. Y, puestos a pedir, requeriría también que aflojase algo el ardoroso compromiso con su partido que desde hace meses muestran los votantes del PP. Todo ello, sin duda, posible. Pero, realmente poco, muy poco probable.

El País