Junts pel Sí en Mataro/Foto: Joan Brucet

Junts pel Sí en Mataro/Foto: Joan Brucet

La formación que va a conseguir mayor número de votos (Junts pel Sí) plantea propuestas que una amplia mayoría de ciudadanos no comparte. Por ejemplo, la independencia express: el 66% de la ciudadanía (y el 53% de quienes piensan votar a Junts) no cree que la victoria independentista en estas elecciones implique un mandato para proceder, sin más, a la independencia, sino para negociar con el gobierno de España. Otro ejemplo: los partidarios de la independencia sólo son tantos como los opuestos a ella si se supone que aquella no conllevará consecuencia grave alguna. Si implica la salida de la Unión Europea (como es obvio, voluntarismos aparte) los no independentistas pasan automáticamente a ser mayoría. En realidad, lo que los catalanes más parecen desear es una salida negociada a la actual situación, en línea con esa “tercera vía” que proponen el PSC en una banda y Unió en la de enfrente: en cuanto es mencionada, es la alternativa preferida, quedando los independentistas en un 30%.

Esta aparente paradoja (amplio apoyo electoral para quienes proponen cosas que distan mucho de ser compartidas con igual intensidad por todos los catalanes) invita a pensar que, para muchos, votar ahora a Junts pel Sí representa más una forma de expresar enfado con el gobierno de España que un apoyo —incondicional y sin fisuras— a un independentismo sin retorno. Estas  elecciones estarían siendo entendidas como la apertura a un tiempo nuevo de negociación, no de ruptura.

Un breve apunte final: las campañas electorales suelen tener, generalmente, un impacto limitado sobre el voto. En este caso puede no ser así. Los alineamientos electorales que expresa la ciudadanía catalana contienen dosis sustanciales de fluidez e indeterminación y pueden por ello acabar cristalizando en comportamientos que no coincidan plenamente con lo que ahora los sondeos (y sus intérpretes) logran detectar. Quizá el voto soberanista esté algo sobredimensionado en su verbalización; quizá Unió tenga un voto oculto; quizá el PSC y CSQEP logren activar a esa parte de su electorado que sigue distraída. Para comprobarlo, Metroscopia va a seguir realizando sondeos en estos días finales de la campaña. Desgraciadamente, una absurda —y trasnochada— disposición legal impedirá que los resultados de los mismos puedan ser conocidos por la ciudadanía.