La campaña electoral de las elecciones generales de 2015 fue decisiva. Hizo que una buena parte del electorado cambiara de opinión en el último momento: el PP pudo recuperar votos de Ciudadanos, el PSOE fue aupado principalmente por las mujeres, Podemos fue el partido más joven y masculinizado y Ciudadanos se desinfló entre sus fortalezas (gente joven y de edades medias). Los datos del sondeo preelectoral de diciembre y los sondeos de 2016 permiten llegar a estas conclusiones tras comparar los perfiles de los votantes de cada partido antes y después de las elecciones. ¿Votó al partido que dijo iba a votar?

Los temas y las decisiones tomadas durante la campaña, especialmente los días más próximos a los comicios, marcaron la diferencia. Teniendo en cuenta que el sondeo preelectoral se realizó justamente una semana antes de las elecciones, cualquier variación está muy condicionada por lo sucedido en esos últimos días. La gran volatilidad registrada daba pie a ello. Sin embargo, el dato de participación fue desconcertante: no resultó una elección tan atractiva como se pensaba pues la cifra fue del 73%, lejos del 77% que se anticipaba. ¿Quién se quedó finalmente en casa? ¿Qué partido recuperó o perdió votantes? Y más importante aún, ¿qué características presentan esos votantes fieles, nómadas o desencantados?

Para intentar dar respuestas a estas preguntas se analiza el perfil del potencial votante —quien antes de las elecciones tenía intención de votar a un partido— en comparación con el perfil del votante declarado —quien pasadas las elecciones dice haber votado a un partido—. Esta comparación es vulnerable al menos a tres sesgos[1], pero es una de las herramientas analíticas más cercanas y consistentes respecto a lo que realmente pudo pasar. Básicamente nos acerca a un posible balance electoral del 20D: qué se preveía y qué acabó ocurriendo para los principales partidos[2].

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El PP pudo recuperar votantes que plantaron a Ciudadanos en el último momento. Para los populares, la campaña electoral supuso una recuperación de votos que apenas unos días antes de las elecciones estaban en manos de Ciudadanos. ¿A quién pertenecían? La mayoría de hombres entre 35 y 54 años, precisamente una de las aparentes fortalezas de la formación naranja.

Este perfil de votante masculino de edad media, urbano y con trabajo remunerado pareció decidirse en parte e in extremis por el PP. En total le supuso un 22% del total de sus votos, 9 puntos porcentuales más de lo que a priori iba a obtener en las urnas. De todos modos, no debe descartarse tampoco que en lugar de un votante popular camuflado en las siglas naranjas, se tratara de un voto oculto o no declarado. Sin embargo, parece encajar mejor la primera hipótesis ya que es precisamente ahí, en ese tramo de edad, donde Ciudadanos experimenta sus mayores pérdidas —como se ve más adelante—.

En cambio, el voto popular de hombres con más de 65 años (14%) fue bastante menor que el esperado (21%), siete puntos porcentuales menos. Las mujeres con estas edades se mantuvieron más fieles. De ahí que, en general, la elasticidad del voto popular se concentra entre los hombres, especialmente los que tienen entre 35 y 54 años y 65 o más años.

Por último, es destacable que de los 7.2 millones de votos que obtuvo el PP, solo un 11% eran jóvenes (menos de 800 mil), siendo más de la mitad mujeres.

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El PSOE tuvo más éxito entre las mujeres de lo esperado, sobre todo las jóvenes (+4 puntos porcentuales) y las de 55 a 64 años (+5 puntos porcentuales). De hecho, los datos postelectorales registran que el peso del voto al PSOE de las mujeres sobre el total fue el más alto de todos los partidos: de los 5.5 millones de votos que lograron, el 56% (casi 3.1 millones de votos) fue voto femenino. En cambio, un 4% de las mujeres con más de 65 años, que en un principio se decantaban por esta formación, no solo no acabaron votando a este partido sino que aparentemente ninguna de las otras principales formaciones pudo reunir el atractivo necesario para ellas.

Esta destacada variación en el electorado femenino socialista va en consonancia con la previsión de mayor indecisión entre las mujeres que entre los hombres. El PSOE no solo ha dependido de las mujeres en mayor medida que de los hombres, sino que su potencial crecimiento parece estar más en el lado de ellas que de ellos.

Por último, cabe mencionar la baja penetración socialista entre la gente joven, con unos valores ligeramente mejores a los esperados, pero muy similares a los del PP (por debajo del 10% tanto en hombres como en mujeres).

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Podemos —contabilizando en conjunto a En Comú Podem, Compromis-Podemos y En Marea— parece haber logrado los apoyos más asimétricos en términos de edad, ya que no consiguió ser una marca atractiva para las personas mayores. El 73% de sus votantes tiene menos de 55 años, un porcentaje que se divide en dos mitades iguales entre personas jóvenes (18-34 años) y de edades medias (35-54 años). Solo el 27% de sus votantes tiene 55 o más años, 13 puntos porcentuales menos que el peso real de esta población en el censo electoral (40%).

Desde el punto de vista del género, se constató que Podemos es el partido más masculinizado. Para esta formación el peso del voto femenino fue el más bajo de todos, exactamente el opuesto al del PSOE: el 44% del escrutinio morado correspondería a mujeres (algo menos de 2.3 millones de votos de un total de casi 5.2 millones). No obstante, su resultado acabó siendo mucho más equilibrado en comparación con los datos que auguraba el sondeo preelectoral (37% mujeres y 63% hombres).

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Muchos hombres jóvenes y de edades medias cambiaron de opinión en el último momento: decidieron no votar a Ciudadanos. Mientras que el resultado del voto femenino fue mejor al esperado en casi todos los tramos de edad, el de los hombres estuvo muy por debajo del previsto. La formación naranja perdió 6 puntos porcentuales tanto entre la gente joven como la de mediana edad.

Algunas razones que pueden ayudar a explicar este fenómeno de abandono pueden apoyarse en el impacto de la campaña electoral. Los errores asumidos por el propio partido se pueden encontrar detrás de esta huida de última hora. Pero también podría reflexionarse sobre la existencia de una sobredeclaración de la intención de votar al partido liderado por Albert Rivera, una intencionalidad que no se convierte en realidad. Es evidente que la alta volatilidad ha sido una tónica dominante en 2015, pero también cabe recordar que solo 20 días antes de las elecciones Ciudadanos era la primera fuerza en intención directa de voto. Además queda en el aire si el efecto campaña supuso que muchas personas se abstuvieran de ir a votar o si cambiaron de color político. Todo parece indicar que la gente joven se quedó finalmente en casa y que muchas personas entre 35 y 54 años regresaron o decidieron votar en última instancia al PP.

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[1] El recuerdo de voto como variable de análisis está condicionado al menos por tres circunstancias: 1) el factor olvido: la persona entrevistada puede haberse olvidado del partido por el que votó; 2) la persona entrevistada puede reescribir la historia de su comportamiento a partir de lo que sucedió o lo que está pasando actualmente; o 3) existe un sesgo de deseabilidad social según el cual reconocer la abstención electoral es algo mal visto.
[2] Para el resto de partidos, como Unidad Popular (Izquierda Unida), la muestra no cuenta con suficiente significatividad estadística para realizar una desagregación múltiple por sexo y edad.