Una cosa es la intención de ir a votar a un partido y otra es hacerlo. La cuestión está en cómo medir el camino de la actitud al comportamiento, no tanto para predecir el desenlace sino para explicar cómo se ha llegado hasta él. El análisis de las tendencias de las formaciones políticas en el último tramo del 2015 permite constatar que en el resultado del pasado 20D la campaña electoral y, en ella, los debates fueron decisivos, tal y como se pronosticaba. Los indecisos se decidieron y tanto Podemos como Ciudadanos son los que mejor representaron las consecuencias del efecto campaña.

Para empezar, las elecciones catalanas del 27 de septiembre supusieron el punto de inflexión que marcó el despegue de Ciudadanos y el descuelgue de Podemos. Mientras la formación naranja parecía contar con el viento a favor, la morada registraba sus peores datos.

Entonces llegó el Cara a Cara del 17 de octubre entre Albert Rivera y Pablo Iglesias. En un informal y distendido formato, se reflejó el buen momento del líder naranja y, al mismo tiempo, se puso sobre la mesa quiénes serían los denominados agentes del cambio: “lo nuevo frente a lo viejo”. Al margen de la actuación de los dos líderes en el debate, el número de potenciales votantes de ambos partidos de ahí en adelante aumentó. Los dos se beneficiaron de la llamada de Jordi Évole.

Apenas unos días antes del comienzo de la campaña electoral, y después del Debate a tres organizado por EL PAÍS el 30 de noviembre, Ciudadanos era ya la primera fuerza en intención de voto y Podemos había recuperado tres puntos porcentuales desde los comicios en Cataluña. Los dos parecían llegar en buen estado de forma a la recta final pero las estrategias, los discursos y el desgaste acumulado hicieron mella: para bien en el caso de Podemos y para mal en el de Ciudadanos.

Efectivamente, la campaña fue decisiva desde el principio. El Debate a Cuatro del 7 de diciembre —apenas tres días después del inicio— supuso el primer y gran aviso. Una semana después, el sondeo preelectoral de Metrocopia del 14 de diciembre —en pleno ecuador de la campaña— recogió con toda claridad el golpe de efecto: Iglesias sobrepasaba a Rivera en intención directa de voto.

En definitiva, el escrutinio final resultó muy marcado por todos los avatares de los intensos 15 días previos a las elecciones. Solo como consecuencia de lo ocurrido en la campaña, Ciudadanos habría perdido seis puntos porcentuales (del 16.2% al 10.1%) mientras que Podemos habría ganado casi cuatro (del 11.3% al 15.0%). En escenarios de gran incertidumbre y volatilidad, el buen manejo de los instantes finales puede marcar la diferencia.