Cuando se cumplen dos años desde que el PSOE fuera la fuerza más votada en las elecciones generales (con más de siete puntos y 31 escaños de ventaja sobre el PP), si hoy se celebrasen estos comicios —algo con un horizonte que parece más lejano que próximo— la estimación de resultado que Metroscopia considera más probable sería una nueva victoria socialista, aunque en esta ocasión la diferencia con el PP quedaría reducida a poco más de un punto en porcentaje de voto y apenas tres escaños.

En cambio, el empate técnico entre las principales fuerzas, PSOE y PP, no se registraría de forma similar entre los dos bloques ideológicos que ambas encabezan. Si en noviembre de 2019 el conjunto de los partidos de izquierda y el de los de la derecha empataron en votos (pero con cinco escaños más para el de la izquierda), la actual estimación apuntaría a una ventaja del bloque liderado por el PP sobre el bloque encabezado por el PSOE de casi seis puntos en voto y de una treintena de escaños. Con estos datos la derecha estaría cerca de reunir las condiciones para poder configurar una mayoría de Gobierno.

¿Qué ha sucedido en estos dos años que pueda explicar una alteración tan sustancial en los alineamientos electorales? Puede ayudar a entenderlo un cuádruple y complementario enfoque: los límites, los liderazgos, la agenda y el calendario.

LA RUPTURA DE LÍMITES A LA HORA DE PACTAR

Menos de dos días después del cierre de las urnas, España asistió por primera vez en el actual ciclo democrático (1977-2021) a la ruptura de dos límites en términos de pactos poselectorales: por un lado, el límite hasta entonces respetado de Gobiernos de un solo partido, que quedó traspasado con la incorporación de Unidas Podemos al Consejo de Ministros; y, por otro, el límite del apoyo externo, reducido hasta entonces a partidos nacionalistas no secesionistas (CiU, PNV, Coalición Canaria…), y que se obvió para incluir a partidos separatistas, como ERC y Bildu.

El principal efecto que, por ahora, está teniendo en la izquierda esta ruptura de los anteriores límites es la desmovilización: cerca de un tercio de sus votantes se refugia en la indecisión o en la abstención, un desencanto que explica en parte el actual desequilibrio entre los bloques.

Además, en la situación actual, si el PP quisiera articular una mayoría parlamentaria necesitaría soslayar otro límite adicional: contar con el voto favorable de una fuerza situada ideológicamente a su derecha.

LIDERAZGO BICÉFALO EN LA IZQUIERDA, ACÉFALO EN LA DERECHA

A lo largo de la legislatura Pedro Sánchez ha contado con una buena evaluación mayoritaria entre los votantes de su bloque, lo que le consolidaba como el único líder de la izquierda, dado el paulatino desgaste de Pablo Iglesias. La reciente aparición de Yolanda Díaz, como la figura más relevante asociada a Unidas Podemos, ha producido un reequilibrio en el liderazgo de la izquierda, que por el momento no encuentra reflejo equivalente en los apoyos electorales.

En el bloque de la derecha, sin embargo, la opinión conjunta de los votantes de PP, Vox y Ciudadanos no dirime de forma clara cuál es el líder deseado para dirigirlo. Esta carencia de un liderazgo claro junto con la ruptura de puentes entre Pablo Casado y Santiago Abascal, sumado a la más que debilitada imagen de Inés Arrimadas, alimenta, a la par que expresa, la incertidumbre de los tres electorados. Según los datos de este sondeo, el líder de Vox es el único de los tres que supera el 50% de aprobación entre el conjunto de votantes del bloque de la derecha.

NUEVA AGENDA POLÍTICA: DE LA PANDEMIA SANITARIA A LA ECONÓMICA

Tras el estallido de la crisis del COVID19, apenas dos meses después de la toma de posesión del primer Gobierno de coalición, el marco mental de la sociedad española se organizó en torno a la cuestión sanitaria. La preocupación por el posible contagio de coronavirus era expresada por más del 90% de la población. Ahora, con uno de los procesos de vacunación más avanzados de Europa y valorado por los ciudadanos como un éxito autonómico, este marco mental ha experimentado un cambio radical: el 92% de los españoles se declara hoy preocupado por la evolución de los precios, un porcentaje que duplica al de todavía preocupados por el COVID.

En este inicio de la pospandemia, cuando la crisis sanitaria no termina de desaparecer y la recuperación económica aún no llega, la principal prioridad de los españoles vuelve a ser el empleo; la principal preocupación, la evolución de los precios, especialmente el de la luz; y una de las mayores causas de potencial frustración, el reparto de los fondos europeos: la mayoría ciudadana estima, en efecto, que acabarán favoreciendo a las grandes empresas, no a las familias.

La agenda política vuelve, por tanto, al terreno económico y abandona el sanitario: se trata de una reconfiguración de los temas que, en principio, y dado el desgaste gubernamental en la gestión de la crisis, debería favorecer más al bloque de la derecha y, en especial, al PP, que todavía es reconocido por la ciudadanía como el partido que mejor podría gestionar la recuperación de la economía.

LA CAPACIDAD TRANSFORMADORA DEL CALENDARIO

Desde las elecciones generales, ha habido en nuestro país tres jornadas electorales autonómicas. Las elecciones gallegas y vascas, celebradas simultáneamente en julio de 2020, inmediatamente después del fin del confinamiento, fueron de continuidad: Feijóo y Urkullu, en un contexto de profunda desmovilización política, apenas tuvieron dificultades para reeditar sus Gobiernos.

Las elecciones en Cataluña, celebradas en febrero de este año, y en la Comunidad de Madrid, en mayo, también fueron de continuidad para sus Gobiernos, aunque las catalanas tuvieron un cariz más renovador y las madrileñas un acento más transformador. En Cataluña los liderazgos de los bloques se renovaron: ERC sustituyó a JxCat en el liderazgo independentista y el PSC tomó el relevo de Ciudadanos (y no cabe olvidar que Vox sumó más diputados en el Parlament que Cs y PP juntos). En cambio, los comicios madrileños tuvieron un carácter más transformador: dieron lugar a una abrupta concentración de voto en torno al PP, al mismo tiempo que Ciudadanos quedaba como fuerza extraparlamentaria.

Estos procesos electorales, aun siendo de ámbitos diferentes, han condicionado la dinámica política nacional, especialmente en el caso madrileño. Pero las consecuencias han sido asimétricas en ambos bloques. En el de la izquierda no ha habido cambios significativos: tan solo una momentánea convulsión en el apoyo demoscópico al PSOE, que quedó superado por Más Madrid (también lo fue por BNG en Galicia y Bildu en País Vasco); pero se ha mantenido de forma básicamente estable el equilibrio de fuerzas entre PSOE y Unidas Podemos en la proporción de dos a uno.

El bloque de la derecha, por su parte, ha quedado reconfigurado tras la casi desaparición de Ciudadanos (en buena medida instigada por las fallidas mociones de censura en Murcia y Castilla y León), de lo que el PP ha resultado el más beneficiado: pudo incluso recuperar la condición de primera fuerza, superando el 30% de los potenciales votos.

Pero tras la reanudación del curso político y la crisis interna abierta a cuenta del liderazgo en el PP madrileño, la fidelidad de voto del PP y su capacidad de atraer votantes de Vox y de Ciudadanos ha disminuido, quedando por detrás del PSOE y sin conseguir resolver definitivamente la hegemonía dentro de su bloque: la distancia entre PP y Vox es ahora de siete puntos, solo uno más que hace dos años.

Una nota final: los eventuales adelantos electorales durante el próximo 2022 en Andalucía y Castilla y León, y quizá en la Comunidad Valenciana, pueden suponer un nuevo reajuste en el equilibrio de fuerzas.

ÉXITOS VACUOS SIN TRADUCCIÓN ELECTORAL

En definitiva, durante estos dos años hemos asistido a una buena cantidad de sucesos políticos que han reconfigurado el tablero, aunque sin alterar sustancialmente el orden de los partidos.

Paradójicamente, podría parecer que cada partido va consiguiendo algunos de las metas que se había fijado para esta legislatura. Sin embargo, esos aparentes éxitos no encuentran traducción en un mayor apoyo electoral.

El PSOE está en camino de aprobar sus segundos Presupuestos Generales del Estado, pero no parece estar, por el momento, en condiciones de superar de manera clara su anterior resultado. El PP habría conseguido reabsorber gran parte del electorado de Ciudadanos, pero, por ahora, esto no sería suficiente para otorgarle con claridad la primacía en su bloque y poner distancia con Vox (que, en cambio, sí mejora sus anteriores resultados gracias a su consistente fidelidad de voto). Unidas Podemos está consiguiendo aprobar algunas de sus medidas bandera, pero no logra frenar el deterioro demoscópico, ni siquiera con la renovación de su liderazgo. Y el independentismo catalán consigue superar el simbólico 50% de voto válido, aunque tres de cada cuatro catalanes consideran que el procés ha sido un fracaso.

Ficha técnica: 2.400 entrevistas realizadas entre el 21 de octubre y el 4 de noviembre. El margen de error para los datos globales es de ±2.5